Valls y Fisac

Enero 19, 2007

San Pedro quiere tomarse un descanso, y deja a un ángel encargado de controlar las almas que pueden entrar en el Cielo. Como el ángel no tiene mucha experiencia en estas lides, San Pedro le entrega una Biblia y una bolsa de dinero, y le dice que a cada alma que quiera entrar en el Cielo le dé a elegir entre estos dos objetos, y que al que elija la Biblia, lo deje pasar, y al que coja el dinero, lo mande al Infierno. Al cabo de una hora, vuelve San Pedro a ver qué tal le ha ido al ángel. Éste le dice que todo ha sido muy fácil, excepto cuando llegó un grupo de gente algo extraña, que eligió a la vez la Biblia y el dinero, y como no sabía muy bien qué hacer, decidió que era mejor dejarlos entrar en el Cielo, a lo que San Pedro responde malhumorado: ¡Ya se han colado otra vez los del Opus!.

Éste chiste tan viejo sobre el Opus Dei viene bien como introducción al primero de los dos personajes de los que se va a hablar en esta entrada, dos personajes que nos dejaron el año pasado: Luis Valls Taberner y Miguel Fisac. Sobre ambos hay dos interesantes artículos en un suplemento de El Mundo, aquí y aquí, en los que se sintetiza la trayectoria vital y la personalidad de ambos, si bien con algunos errores (por ejemplo, me parece completamente erróneo llamar a Fisac cofundador del Opus Dei).

Luis Valls Taberner, el banquero que quiso ser santo. Ciertamente, que una persona con una profesión que en el imaginario colectivo siempre ha estado asociada a la avaricia y a montañas de dinero (y desde luego, dinero sí que amasó este hombre, aunque personalmente viviese con muchísima austeridad) aspire además a la santidad, no deja de resultar muy chocante, sobre todo en países católicos como España, donde la gente se toma muy a la letra aquello de “Le es más fácil a un camello…”, es decir, un país en el que a priori se desconfía de la honestidad de la gente que sabe hacer dinero. Me gusta el apodo que según parece tenía Luis Valls: el cardenal de la banca española. Y sabiendo que medía metro noventa, que era célibe, y viendo la foto publicada en El Mundo en la que aparece afeitándose, es fácil imaginárselo posando vestido de rojo para un retrato de Velázquez o de Tiziano… Siempre me llamó la atención el Banco Popular, cuando quiso mantenerse al margen de las grandes fusiones acaecidas en la banca española (Santander, Central Hispano, BBV, Argentaria…), y cuando tantas veces ha liderado el ranking del sector (una vez mejor banco del mundo, cuatro veces el mejor de Europa…). También merece destacarse la afiliación política de Luis Valls, liberal y monárquico, de un liberalismo que yo me figuro más tranquilo que el mostrado actualmente por el más famoso liberal español, más en la línea de otro insigne miembro del Opus, y también fallecido no hace mucho, Rafael Termes, del que tal vez hable en alguna entrada futura. Un liberalismo que alabó en su día la legalización del PCE y que no dudó en prestar dinero al PSOE (los negocios son los negocios, o bien el liberalismo entendido en su acepción antigua de liberalidad, generosidad…), un liberalismo que camina de la mano del respeto…

Un liberalismo del que, si le hacemos caso, parece ser que disfrutó poco en vida el otro personaje protagonista de esta entrada. Miguel Fisac, innovador de la arquitectura española de la posguerra, fue también uno de los primeros miembros del Opus Dei. Sin embargo, parece que nunca se encontró muy contento dentro de la institución, por lo que acabó saliéndose de ella. A partir de ahí comenzó, siempre según Miguel Fisac, una persecución por parte del Opus contra su persona y su trayectoria profesional. Lo cierto es que en el campo de la arquitectura tuvo un largo período de sequía en el que no le llegaban encargos, aunque la posterior llegada de las administraciones autonómicas mitigó la situación. Sobre este asunto prefiero no pronunciarme porque no lo he estudiado cuidadosamente y no quiero emitir juicios temerarios, sólo diré que vi una vez a Miguel Fisac en la televisión, y me pareció un hombre que realmente había sufrido mucho interiormente, pero que a la vez había sido capaz de seguir fiel a sus convicciones religiosas después de su salida problemática de la Obra, un hombre tremendamente sensible, pero a la vez fuerte. Un hombre honesto, como también creo que lo fue Luis Valls.

Leave a Reply