Hoy es San Ignacio de Loyola
Julio 31, 2007
Y no lo digo porque sea mi santo y alguien tenga que felicitarme, que no es el caso, ni tampoco es una excusa para escribir una nueva entrada antes de que acabe el mes de julio, para dar una impresión de mayor actividad en la bitácora (bueno, tal vez algo de eso sí que haya). Los que hayan leído algo este blog, habrán percibido que siento cierta debilidad por la Compañía de Jesús (aunque más bien por la previa a la XXXII Congregación General, ya que la posterior me resulta un poco bastante heterodoxa, si bien conserva parte de la grandeza del pasado, y una tradición ininterrumpida de mártires).
Hace no mucho Antena 3 organizó un concurso para votar al español de la historia, y entre los que se podían elegir había algunos cuantos en el apartado religión: Santa Teresa de Jesús, San Josemaría Escrivá de Balaguer… y por supuesto San Ignacio de Loyola. El concurso resultó un fiasco ya que el español de la historia resultó ser Juan Carlos I (¡y la Reina Sofía quedó cuarta!). La Santa de Ávila quedó mejor en la clasificación que nuestro vasco universal, pero es innegable que la influencia histórica de los jesuitas ha sido inmensa (quizá las carmelitas descalzas hayan tenido más, claro que para afirmar esto hay que tener fe en el poder de la oración). No me parece ahora buen momento para hablar de su vida, de los Ejercicios Espirituales…tiempo habrá para eso. Tan sólo una pincelada, una oración que aparece en los EE, que para el tiempo en que fue escrita parece una aceptación del principio Sola Gratia luterano:
Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y poseer; Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro; disponed de todo a vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.
A mi me parece preciosa, y en el caso de San Ignacio se cumplió realmente, pues murió sin poder recibir la Extremaunción ni probablemente el Viático: vuestro amor y gracia me bastan.
Bestseller español
Julio 31, 2007
Si el otro día comentaba una novela histórica española, hoy le toca el turno a uno de los bestsellers más vendidos de la historia de nuestra literatura: La Sombra del Viento. Si uno repasa el panorama cultural de los últimos años, más o menos desde los noventa hasta hoy, se puede constatar que existe un selectísimo grupo de autores que han ido acaparando la mayor parte de la atención de los lectores de nuestro país (me estoy refiriendo únicamente a autores en lengua española, por lo que al excluir de antemano a los escritores en otros idiomas estamos haciendo ya una purga previa bastante salvaje). Tómese como ejemplo a un Arturo Pérez-Reverte, sin él casi no podría decirse que existen españoles que lean a autores españoles (lo cual me recuerda vagamente a esa genial frase del inefable José Blanco en la noche de las últimas Elecciones Municipales: El PP ha obtenido una mínima ventaja en votos que se debe, exclusivamente, a lo que ha ocurrido en la ciudad de Madrid. Si excluimos la ciudad de Madrid, el PSOE hubiera obtenido en España 250.000 votos más que el PP, es decir, algo no muy diferente de lo que le ocurriría al PSOE si se excluyese a Cataluña o a Andalucía), podrían añadirse últimamente otros nombres como el de Julia Navarro o Matilde Asensi, ambas en el campo de la novela histórica, o Eduardo Mendoza, uno de mis preferidos, que por cierto en una entrevista dijo que en el ámbito de nuestra literatura “clásica” hay dos autores que siguen leyéndose de forma masiva: Clarín (de éste casi únicamente se lee La Regenta) y Pío Baroja (del que se leen unos cuantos libros). Yo de Clarín aún no he leído nada, y de Pío Baroja únicamente Zalacaín el aventurero y La Busca, a ver si me pongo al día. A este grupo privilegiado se incorporó no hace muchos años Carlos Ruiz Zafón, con su flamante novela La Sombra del Viento, que además de bestseller se quiere vender como un producto con calidad literaria superior a la media.
Atención: el resto del artículo contiene spoilers
Leyendo novela histórica española
Julio 22, 2007
A pesar de que tengo el blog muy abandonado, esto no quiere decir obviamente que haya dejado de leer o ir al cine, actividades que han sido motivo de casi todas las entradas de El Progreso del Peregrino (también hay algunas referentes a mi vida social, pero éstas son menos por dos razones: tengo poco que contar, y ese poco no lo voy a describir con pelos y señales, no vaya a ser que algún conocido se tope casualmente con esta bitácora, circunstancia remota pero no imposible, y me reconozca), así que aprovechando que ahora en verano tengo más tiempo, intentaré hacer reseñas de mis libros leídos y películas vistas.
Empezaré por la última novela que me he acabado: La Boca del Nilo, del escritor español León Arsenal. Yo jamás había oído hablar de este autor, hasta que un día, muy de mañana, en el Cercanías de Madrid, capturé involuntariamente una interesante conversación entre dos señores encorbatados que intercambiaban sus preferencias literarias, que aunque inicialmente parecían no pasar de El Código Da Vinci, luego resultaron ser algo más jugosas. Concretamente surgió el nombre de León Arsenal, que por lo visto había escrito una novela muy bien documentada sobre una expedición romana que había ido a buscar las Fuentes del Nilo. A mí el hecho de que destacara que estaba muy bien documentada (claro que también el señor podría estar equivocado) y de que la novela fuera de romanos, temática que a mí me gusta mucho (un día podría hacer una recensión sobre Yo, Claudio y Claudio el dios, de Robert Graves, que ya leí hace tiempo y que me encantaron) y que además supone una refrescante variación sobre lo que hoy se estila (templarios, albigenses y sectas secretas de todo pelaje) hicieron que me decidiera a leer el libro en cuanto tuviera la primera oportunidad. Por suerte lo encontré en la Biblioteca Municipal, así que me lo acabé rápidamente durante mis largos desplazamientos al trabajo.
Opino que el libro es bueno, en el sentido de que está bien escrito y tiene un base histórica real (toma como punto de partida una expedición enviada por Nerón, y de la que sólo hay algunas referencias históricas de Séneca y me parece que de Plinio el Viejo, aunque de este último no estoy seguro, y no puedo verificarlo porque ya he devuelto el libro) a partir de la cual elabora hábilmente un relato bastante entretenido. Sin embargo, el ritmo de la narración es a veces un poco cansino, y las situaciones que se supone deberían crear más tensión dramática (la rivalidad entre el tribuno Claudio Emiliano y el prefecto Tito, y particularmente el triángulo amoroso que se forman con la sacerdotisa nubia Senseneb) me han parecido bastante flojas, y me resulta un poco inverosímil que los dos competidores acepten sin demasiada objeción que su amante se los turne cada noche como le venga a ella en gana. También la subtrama de suspense creo que deja mucho que desear, sobre todo porque cuando se soluciona el misterio, uno ya se había olvidado completamente del asunto. Otros aspectos del libro están mejor narrados, como puede ser el paso de los pantanos, cuya descripción transmite perfectamente las penurias que tuvo que pasar la expedición real. También las batallitas están bastante bien contadas, aunque sólo hay dos en el libro (algunas escenas son realmente impactantes, como la del bayaba que arranca el corazón a un legionario y empieza a comérselo ante el estupor de los romanos).
Hay una breve alusión al cristianismo, curiosamente cuando la expedición está ya en la capital de Nubia, ciudad donde me sorprende que hubiese llegado la nueva religión ya en tiempos de Nerón (supongo que León Arsenal tendrá también documentada esta circunstancia). El autor describe también la composición y estructura jerárquica de las legiones, y las particularidades de las que estaban en Egipto, que era provincia estratégica de Roma por ser considerada “granero del imperio” (si bien buscando en Google uno no tiene claro si era el único, ya que todo el Norte de África, Sicilia e incluso Hispania son también llamadas graneros del imperio, aunque probablemente Egipto fuese el mayor de todos). También se hacen cábalas sobre las motivaciones de Nerón para enviar la expedición: conquistar Nubia, establecer nuevas rutas comerciales, la fascinación del emperador por todo lo egipcio, y por consiguiente también por el origen del Nilo… Lo cierto es que no hay manera de saberlo a ciencia cierta pues como ya he dicho esa expedición apenas está históricamente documentada, pero la verdad es que León Arsenal ha hecho un gran trabajo escribiendo una novela a partir de un hecho histórico poco conocido, y pese a los defectos que en mi opinión tiene, creo que estamos ante una de las mejores novelas históricas españolas (lo cual quizá no sea mucho decir, te sales de Matilde Asensi y Julia Navarro, y prácticamente no te queda nada más).
A vueltas con José Luis Martín-Vigil
Julio 9, 2007
Todo el mes de junio sin hacer una mísera anotación en este blog, y voy ahora y me encuentro ¡con un comentario!. Ni siquiera me acordaba de que tenía los comentarios moderados, y claro, como tampoco estoy del todo familiarizado con el WordPress, pues se me había pasado por alto el comentario que había dejado un visitante de México.
No hay que ser un lince para darse cuenta de que este blog no pretende tener una gran difusión. No tengo blogroll, no dejo comentarios en otros blogs poniendo un enlace al mío, actualizo con poca frecuencia, trato muchos temas de nula actualidad: hablo de Wilkie Collins, la Compañía de Jesús, Miguel Fisac…y también de José Luis Martín-Vigil. Y sorprendemente es sobre este último autor, completamente olvidado (salvo en algunos colegios de curas, monjas o del Opus Dei), sobre quien trata el único comentario que ha tenido este blog que, insisto, en un principio no buscaba tener ninguna difusión (aunque puede que en el futuro esto cambie, pues la verdad es que me ha producido cierto cosquilleo que me comenten desde México).
Insisto de nuevo: sólo he tenido un comentario en los algo más de seis meses de vida de este blog, así que creo que no es un despilfarro escribir una nueva entrada en la que hable un poco más de José Luis Martín-Vigil.
Este blog nace de otro anterior, que ya ha dejado de existir, que a su vez hacía realidad una idea que había ido yo barruntando hacía mucho tiempo, de crear una página web centrada en La vida sale al encuentro, y es que he de confesar que mi interés principal, más que la persona del autor, es su obra magna, que me permite trasladarme a una época ya definitivamente perdida, y que a pesar de lo chocante que pueda sonar (las Posguerra española no es una de las épocas históricas que una persona cabalmente moderna debiera tener como favoritas) ejerce en mí una tremenda fascinación.
Lo cual me lleva a preguntarme: ¿Qué interés tengo por el resto de obras de José Luis Martín-Vigil?. Y la respuesta de momento sólo puede ser: ninguno. Y esto es así porque jamás me he topado con ningún libro de este autor que no sea “La vida…”, no porque considere que los demás sean de inferior calidad. De modo que tomo nota de los libros que ha leído el visitante de México: Réquiem a cinco voces y La muerte está en el camino, a ver si con un poco de suerte me topo con ellos y obtengo más razones para ser un fan de José Luis Martín-Vigil, del que por cierto, en este enlace se puede leer una mini-biografía, y en este otro blog, su autor cuenta la influencia que tuvieron sus libros en él, y el gran hilo de comentarios que ha generado esta entrada me hace pensar que Martín-Vigil no es un escritor tan olvidado como pudiera pensarse…