Bestseller español
Julio 31, 2007
Si el otro día comentaba una novela histórica española, hoy le toca el turno a uno de los bestsellers más vendidos de la historia de nuestra literatura: La Sombra del Viento. Si uno repasa el panorama cultural de los últimos años, más o menos desde los noventa hasta hoy, se puede constatar que existe un selectísimo grupo de autores que han ido acaparando la mayor parte de la atención de los lectores de nuestro país (me estoy refiriendo únicamente a autores en lengua española, por lo que al excluir de antemano a los escritores en otros idiomas estamos haciendo ya una purga previa bastante salvaje). Tómese como ejemplo a un Arturo Pérez-Reverte, sin él casi no podría decirse que existen españoles que lean a autores españoles (lo cual me recuerda vagamente a esa genial frase del inefable José Blanco en la noche de las últimas Elecciones Municipales: El PP ha obtenido una mínima ventaja en votos que se debe, exclusivamente, a lo que ha ocurrido en la ciudad de Madrid. Si excluimos la ciudad de Madrid, el PSOE hubiera obtenido en España 250.000 votos más que el PP, es decir, algo no muy diferente de lo que le ocurriría al PSOE si se excluyese a Cataluña o a Andalucía), podrían añadirse últimamente otros nombres como el de Julia Navarro o Matilde Asensi, ambas en el campo de la novela histórica, o Eduardo Mendoza, uno de mis preferidos, que por cierto en una entrevista dijo que en el ámbito de nuestra literatura “clásica” hay dos autores que siguen leyéndose de forma masiva: Clarín (de éste casi únicamente se lee La Regenta) y Pío Baroja (del que se leen unos cuantos libros). Yo de Clarín aún no he leído nada, y de Pío Baroja únicamente Zalacaín el aventurero y La Busca, a ver si me pongo al día. A este grupo privilegiado se incorporó no hace muchos años Carlos Ruiz Zafón, con su flamante novela La Sombra del Viento, que además de bestseller se quiere vender como un producto con calidad literaria superior a la media.
Atención: el resto del artículo contiene spoilers
Yo no soy de letras y por tanto no debería opinar, pero en fin, esto es un blog. A mí lo de la pretendida superior calidad me parece que se intenta conseguir mediante el uso intensivo, repetitivo y pesadísimo de multitud de adjetivos y otros recursos con los que se trata de plasmar la atmósfera de la Barcelona de la Posguerra: volutas de humo azul, ecos de cobre, lazos de vapor… También se usa el punto de vista de múltiples personajes, mediante la intercalación de diversos testimonios, con los que se supone que se da mayor complejidad estructural a la novela, y por ende se la dota de mayor calidad, claro que si se compara esta complejidad con la de las primeras páginas de La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, es como comparar los logros de un niño de primaria con los de un recién licenciado en Filología. Además, los testimonios de los personajes son muy tramposos, ya que incluyen más de lo que realmente pueden saber, nada que ver por ejemplo con El Conde Drácula, novela construida a partir de un cúmulo de testimonios objetivos de una multitud deliciosa de personajes.
El comienzo del libro, con la visita al Cementerio de los libros olvidados, me pareció de lo más banal, hablando de no sé qué historias de la vida que late en los libros y cosas por el estilo, que podrían ser utilizadas por el mismísimo Ministerio de Cultura (¡Gobierno de España!) para fomentar la lectura entre el españolito de a pie. El final también es demasiado bonito para ser creíble, parece como si el autor no se atreviera finalmente a sancionar el trágico destino de los personajes que se ha ido entretejiendo a lo largo de la novela. Particularmente irritante es el caso del protagonista, que en un momento dado dice que en siete días estará muerto (lo cual aumentó muchísimo mi interés en el libro, porque me recordaba a la genial American Beauty) y cuando llega el momento sublime, recibe un balazo en pleno tórax, sobrevive, se casa con su amante y todos felices y comiendo perdices ¡y esto se supone que es literatura de calidad!.
Puede parecer por lo arriba dicho que no me ha gustado el libro, pero nada más lejos de la realidad, el interés del relato crece progresivamente, y en mi caso me leí la segunda parte de la novela en apenas dos días (y no porque me sobrara tiempo libre precisamente). Hay algunas escenas que son verdaderamente impactantes: Penélope dando a luz a su hijo encerrada en su habitación y suplicando a gritos la ayuda de sus padres, impertérritos. El descubrimiento de sus sarcófagos por parte de Daniel, la ambientación de las casas bien de la Barcelona modernista, el colegio de jesuitas San Gabriel, donde Fumero intenta asesinar a Carax. Lástima que el autor no haya sacado más punta de este último escenario, con lo que a mí me gusta La vida sale al encuentro y los colegios de jesuitas (por cierto, no he podido confirmar la existencia real del colegio San Gabriel de Barcelona)…
En resumen, el libro se deja leer, tiene una historia entretenida que va gustando progresivamente más, incluye partes de suspense y de folletín, y muestra una amplia galería de personajes muy interesantes. Sin embargo, creo que lo de la superior calidad literaria es un poco relativo, a fin de cuentas, si se quiere escribir un bestseller, mejor dejarse de tanta floritura.
Agosto 15, 2007 at 11:15 pm
[...] 15th, 2007 Después de leer La Sombra del Viento me apetecía leer algo un poco más sofisticado —no sólo de bestsellers [...]