Grubiando (Tiempo de Marte)
Agosto 15, 2007
Después de leer La Sombra del Viento me apetecía leer algo un poco más sofisticado —no sólo de bestsellers vive el hombre— como La Regenta o La vuelta al mundo de un novelista, de Blasco Ibáñez (bueno, esta última no estoy seguro de que sea especialmente sofisticada, y además su Los cuatro jinetes del Apocalipsis puede considerarse como un arquetipo de bestseller…) pero al ver el primero en la biblioteca me pareció demasiado largo y con letra muy pequeña (se ve que aún no me ha llegado el momento de leerlo) y el segundo no lo tenían, así que tras desechar otras opciones (El Unicornio de Manuel Mújica Laínez también tenía una letra minúscula, aunque al menos no era tan tocho, y El corazón de las tinieblas estaba ya prestado, así como Harry Potter and the Deathly Hallows —que por otra parte prefiero comprarme en cuanto tenga la ocasión— y todavía no sé qué novela de Paul Auster debería leer en primer lugar) me decanté por dos libros que además de ser cortos pueden servir para darse ciertas ínfulas intelectuales: Tiempo de Marte y… otro libro que comentaré en alguna entrada posterior, cuando termine de leerlo.
Atención: lo que sigue puede contener spoilers de Tiempo de Marte y de cualquier otro libro o película que se me venga a la cabeza mientras escribo esta entrada.
De Philip K. Dick había ya leído ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? antes de haber visto la película de Ridley Scott, y no me disgustó (lo que no impide por otra parte que me pareciera una auténtica rayada). De la peli lo que me pareció más bonito es cuando Rick Deckard le dice a la androide lo que ella es (o sea, una androide, es que la pobre se creía humana), es una escena de lo más emotiva, aunque seguramente es mucho más famosa la del final, cuando el androide dice eso de “I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the darkness at Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time like tears in rain. Time to die.” Lo curioso es que esta frase, que es también una rayada, no aparece en el libro, lo cual tampoco es de extrañar porque la película prescinde de la mayor parte de la morralla que aparece en éste y se toma bastantes licencias (y aún así sigue siendo una película bastante rara). También he visto El informe de la minoría, aunque no he leído el libro del mismo nombre. Me pareció bastante más normalita (salvo la perorata profética incomprensible que suelta la precog) que Blade Runner, pero planteando a la vez cuestiones filosóficas interesantes en torno al libre albedrío.
Ahora en la biblioteca tenía la oportunidad de leer La invasión divina o Tiempo de Marte, y opté por este último porque el título parecía menos extravagante. Y la verdad es que al principio no estaba mal: una civilización en Marte que se va abriendo paso poco a poco, con colonias de las diferentes potencias terráqueas (como por ejemplo Nuevo Israel, que cómo no, se instala en el desierto más desértico de Marte, pero a base de trabajo duro consiguen tener los huertos más fértiles del planeta, y seguro que las bombas de neutrones no tardarían mucho en llegar) y también con instituciones colectivistas (como el influyente sindicato de fontaneros, como es lógico en un lugar en el que escasea el agua). También está presente la ONU, en este caso algo más eficaz en la ficción que en la realidad, el mercado negro, la especulación inmobiliaria marciana, el transporte público lento (los tractorbuses parecen los predecesores del metro ligero), la vida misma, vamos. La Escuela Pública cuenta con robots profesores que encarnan a personajes históricos famosos (la verdad es que como idea no está nada mal), y una de las profesiones más valoradas es la de técnico reparador (ya que al no producirse apenas bienes de equipo ni de consumo, es necesario preservar al máximo los que ya se tienen). Los técnicos trabajan en grandes compañías que les obligan a estar disponibles de lunes a viernes, lejos de sus hogares al borde del desierto, dejando a sus mujeres a la merced de ciertas visitas de vendedores ambulantes, propiciatorias de actos adulterinos.
La esquizofrenia es la enfermedad de moda, la cual hace perder a quien la sufre el sentido del tiempo, y como el protagonista padece episodios de esta enfermedad, Philip K. Dick aprovecha para hacer un cóctel con la estructura temporal de la novela, armando un lío que ni Memento. Además hay un niño, este ya esquizofrénico perdido, al que se supone que su trastorno le permite conocer el futuro (y uno del sindicato quiere aprovechar esto para la especulación inmobiliaria, pero la jugada le sale mal). El pobre niño (y el otro esquizofrénico, por simpatía) no ve más que grubia por todas partes, y gente diciendo ¡grub, grub!, pero no está muy claro a qué se refiere con esto, si al paso del tiempo que acaba con todas las cosas, a la faceta agresiva que se esconde en el subconsciente de las personas, a la ya mencionada especulación marciana, o a la posibilidad de acabar sus días en un hogar de ancianos, probablemente recibiendo un trato no muy cariñoso.
El final es de traca, con la aparición estelar del niño esquizofrénico, ya viejo y en forma de cabeza y tórax unidos a un complejo sistema mecánico que lo mantiene con vida y que le permite hablar (con voz mecánica, claro) para agradecer al esquizofrénico adulto por los intentos que hizo en el pasado (su pasado remoto, aunque en realidad se refiere al pasado reciente, pero es que el pobre sigue siendo esquizofrénico) para comunicarse con él. Si se hiciera una película del libro, esta escena sería tan emotiva como la de la Guerra de las Galaxias (El retorno del Jedi) con Darth Vader diciéndole a Luke “Yo soy tu padre” (hasta se le podría poner al viejo la voz de Constantino Romero).
Octubre 15, 2007 at 11:35 pm
[...] acabado los dos libros que tenía en cola, que me han dejado bastante mejor sabor de boca que los dos [...]
Julio 3, 2008 at 1:32 pm
Se que este post es de hace mil siglos y no se siquiera si lo leeras, pero mi comentario va para allá. Acabo de terminar el libro y tengo un cacao mental considerable. Pero no se si he conseguido interpretar el final… es posible que todos.. absolutamente todos vivieran en la fantasia de Manfred (el esquizofrénico) y solo al final se liberaran?? Que lógica tiene que aparezca sino al final, ya envejecido? de golpe y porrazo? Sería entonces que él es capaz de desdoblar el tiempo? Bufff… vaya cacao…
Julio 15, 2008 at 7:03 pm
Hola Jesús:
Muchas gracias por el comentario. Sí que reviso los comentarios de vez en cuando, aunque el blog lo tengo bastante muerto.
En cuanto a tu pregunta, me temo que ya no me acuerdo muy bien del final, aunque la verdad es que creo que tu interpretación no es la que se me ocurrió a mí.
¿A lo mejor alguien más que haya leído el libro quiere dejar su opinión?