Otro dos libros (algo) más sencillos
Octubre 4, 2007
Ya me he acabado los dos libros que tenía en cola, que me han dejado bastante mejor sabor de boca que los dos anteriores.
El de Le Carré prometía mucho al principio, aunque en mi opinión va decayendo a medida que pasas las páginas y te das cuenta que ahí de espionaje no va a haber nada, que no hay más que invenciones disparatadas de un par de tipos dispuestos a enriquecerse a costa de la Corona británica, y lo consiguen a base de escribir informes muy bien redactados en los que se relatan los presuntos tejemanejes que están realizando las poderosas naciones del mundo ante el inminente retorno del Canal a manos panameñas. Vamos, que cuanto más gorda se la inventan, y mejor la cuentan, más se la tragan en la Gran Bretaña. No sé por qué, pero me recuerda vagamente al I+D que se hace en este país…
De todos modos El sastre de Panamá me ha parecido un libro bastante bueno, aunque sólo sea para que me entren ganas de leer The Path Between the Seas de David McCullough, con cuya cita Quel Panama! comienza el libro de Le Carré, o para saber lo bueno que es cepillar los trajes para que se mantengan limpios (así como tener dos trajes para alternar a diario: nunca hay que ponerse el mismo dos días seguidos, y nada más llegar a casa hay que quitárselo y colgarlo de una percha, para que no se arrugue). Aunque quizá lo más suculento sean los monólogos interiores de Louisa, la pobre siempre sintiéndose bajo la sombra de su hermana Emily, que siempre fue muy guapa y muy zorra, y que le robaba todos sus novios (ten hermanas para esto).
El segundo libro que me he leído (Grandes Esperanzas, de Dickens), me ha gustado mucho más que el anterior, lo que me confirma de nuevo que me estoy volviendo en un carca incapaz de apreciar las sutilezas e ingeniosidades de la irreprochable literatura contempóranea. Pero es que este libro creo que es francamente bueno, aunque hable de un tema tan viejo (pero que sigue y seguirá siendo actual por los siglos de los siglos amén) como es la problemática que sobreviene a las personas que por circunstancias de la vida vienen a ocupar una posición social bastante superior a la que inicialmente podrían esperar dado el entorno en el que vinieron al mundo, y que siempre suelen acabar mal (aunque digo yo que el caso contrario también es malo, si no peor).
Joe es el héroe del libro: un tosco herrero, muy trabajador, siempre alegre, nada avergonzado de su baja posición social o de su nula formación cultural, capaz de perdonar todas las veces que sean necesarias e incapaz de albergar ningún rencor. Para mí uno de los personajes literarios que más me han gustado, con el permiso de la gran Marian Halcombe .
Ahora me hallo compuesto y sin libro, pues aún no he tenido tiempo de hacerme con otro (lo que leo por motivos profesionales no cuenta), pero una posible opción es el último de la saga de Harry Potter, que ya va siendo hora de leer, pues a este paso alguien me va a espoilear el final antes de tiempo, y entonces será el llanto y el rechinar de dientes…
Por cierto, si ayer fue San Francisco de Borja, hoy es San Francisco de Asís. Si el de ayer era grande, el de hoy es enorme. No me resisto a poner esta hermosa oración, aún a riesgo de convertir este blog en un rincón clerical apolillado y con olor a cera y agua bendita:
Señor,
haz de mi un instrumento de Tu paz
que donde haya odio, ponga yo amor;
que donde haya ofensa, ponga yo perdón;
que donde haya discordia, ponga yo armonía;
que donde haya error, ponga yo verdad;
que donde haya duda, ponga yo la fe;
que donde haya angustia, ponga yo la esperanza;
que donde haya tinieblas, ponga yo la luz;
que donde haya tristeza, ponga yo la alegría.
Oh Maestro, que no me empeñe tanto
en ser consolado, como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.
Porque dando, se recibe,
perdonando, se es perdonado,
muriendo, se resucita a la vida eterna.
Amén