Recuerdos de antaño: El gran Meaulnes
Noviembre 6, 2007
Todavía no empiezo con La vida sale al encuentro, porque hoy comento un libro que no me acabo de leer justo ahora, sino hace ya unos cuantos años, pero que sigue siendo uno de mis preferidos: El gran Meaulnes, de Alain Fournier. Hubiera tenido oportunidad de leerlo también en versión original, ya que en casa teníamos el libro en francés, pero no tengo suficientes conocimientos de la lengua de Víctor Hugo (por decir alguno) como para enfrentarme con él.
Ya el prólogo resulta interesante, aunque no está escrito por Alain Fournier, sino por un poeta español que a mí me gusta mucho (claro que sólo habré leído dos o tres poemas suyos, y tal vez no enteros): José María Valverde. Este autor es citado en otro libro que también me marcó especialmente, y que es desconocido para casi todo el mundo: Un día cualquiera, de la también bastante ignorada (salvo quizá por algún que otro libro infantil) Marisa Villardefrancos. Este libro está dirigido a los jóvenes (varones) de entre 15 y 19 años (así lo he calculado yo a grosso modo), para que puedan afrontar mejor tan tumultuoso tramo de edad, y la cita preciosísima de Valverde de la que hablaba antes es la siguiente:
Y así andaba yo extraño vanamente queriendo – acercarme al Señor, mientras que no te amaba – Que es ley que para amarle haya de ser amando – lo que El nos puso al lado; porque el mundo que vemos – es un gran haz de amores, que ascienden enlazados – en catedral viviente, sonora, como un bosque.
…pero estábamos hablando de El gran Meaulnes y el prólogo escrito por Valverde, donde más que del libro se habla del autor, que se enamoró perdidamente de una chica con la que apenas había hablado, y a la que no volvería a ver, habiéndola buscado, hasta ocho años después, ya casada y con hijos. En este desdichado amor se inspiraría Alain Fournier para fabular la aventura amorosa entre Meaulnes e Yvonne de Galais. Este libro fue la gran obra de Fournier, y no habría tiempo para más, ya que el escritor murió en la Primera Guerra Mundial, antes de cumplir los veintiocho años: el amado de los dioses muere joven, como bien dice Valverde.
Ya sólo por estas circunstancias merecería la pena leer el libro, pero es que además está ambientada en una comarca rural de la dulce Francia, por lo que el aroma a campo nos rodeará continuamente, y además hay una fiesta misteriosa con niños también enigmáticos, que hará las delicias de cualquiera que aún tenga una pizca de ilusión y capacidad de sorpresa, y una historia de amor que nadie querría vivir, de tan inexplicablemente triste que es. Y además es breve ¿qué más se puede pedir?
…vale, para la próxima vez hablo ya de la Vida sale al encuentro.