A Song of Ice and Fire

Octubre 25, 2008

En los últimos meses me he visto enfrascado en la lectura de auténticos ladrillos, si bien ladrillos sólo en cuanto a su grosor, porque son realmente interesantes. Todos ellos pertenecen a una misma serie, creada por el escritor estadounidense George R. R. Martin, el cual, si vemos su foto por ejemplo en la Wikipedia, parece un personaje salido de El Señor de los Anillos, como por ejemplo un maestro enano herrero (y no porque tenga baja estatura).

Sin embargo, no es su aspecto físico, delicia para los friquis, la causa de que a menudo se le considere el sucesor de Tolkien, sino obviamente su obra literaria, particularmente la más conocida, la saga “Canción de Hielo y Fuego”, que es precisamente de la que voy a hablar.

Hasta ahora me he leído, en versión original (sí, para esto soy muy exquisito, hice lo mismo con El Señor de los Anillos, el Hobbit, y el Silmarillion, y especialmente este último gana francamente mucho sobre la versión española)   A Game of Thrones, A Clash of Kings, A Storm of Swords y A Feast for Crows Todos estos libros son de gran grosor, y aún quedan por salir tres más para completar la serie, de modo que si a alguno de ustedes le resultó un poco largo El Señor de los Anillos, mejor no intenten abordar esta serie, que si se lleva al cine necesitará por lo menos una heptalogía (y digo por lo menos porque me parece complicado sintetizar cada libro en una sola película).

Aunque hay elementos en común con la obra maestra de Tolkien (mapa al comienzo del libro, invención de todo un continente, época indeterminada semejante a la Edad Media), también hay fuertes divergencias, a saber:

  1. Distinción difusa entre el bien y el mal: hay mucha gente que critica a Tolkien por la separación tan radical que hace entre personajes buenos y personajes malos, y porque además los buenos siempre son abrumadoramente mejores (no sólo moralmente, lo cual sería lógico, sino también más inteligentes, guapos y fuertes) que los malos, y casi nunca mueren. De hecho, en El Señor de los Anillos, sólo uno de los integrantes de la Compañía del Anillo, Boromir, muere, y como todos sabemos, no era 100% bueno. La saga Canción de Hielo y Fuego es totalmente distinta: aunque lo habitual es que encontremos a los Stark como los más buenos, la trama del libro no deja de ser una serie de luchas entre facciones con motivaciones muchas veces discutibles. Además, no conviene encariñarse con ningún personaje, ya que por muy importante que nos parezca, eso no es garantía de que George R. R. Martin no se lo cargue sin contemplaciones cuando uno menos se lo espera.
  2. Carnaza: el Señor de los Anillos es un relato limpio: la violencia no es descrita con saña, y el sexo es inexistente, mientras que en Canción de Hielo y Fuego hay de las dos cosas en grandes dosis y en todas sus variantes, hasta resultar casi extenuante.
  3. Religión: aunque el Señor de los Anillos no habla explícitamente de religión, generalmente se ha considerado que todo el libro es una metáfora de la redención cristiana (aunque siempre se discute si ésa es la intención del autor). Por el contrario, en la Canción de Hielo y Fuego se describen pormenorizadamente las religiones que existen en el mundo inventado por George R. R. Martin. Sin embargo, toda la obra rezuma en mi opinión bastante escepticismo.
  4. Estilo narrativo: una particularidad de la saga es que cada capítulo está narrado desde el punto de vista de un personaje, y de esta manera el autor consigue dos cosas: que nos acordemos al menos de quiénes son los personajes principales (ya que el número total de personajes alcanza cotas desmesuradas, superiores a las de cualquier otro libro que recuerde haber leído), y a la vez que podamos saber cómo piensan los personajes por dentro (y enlazando con el punto 1, esto contribuye a diluir la delgada línea entre el bien y el mal, ya que al poder meternos en el interior de los ‘malos’, éstos también pueden empezar a caernos bien).

De momento creo que no diré nada más de estos libros, salvo recomendar su lectura (pero sin entretenerse en las escenas lúbricas, ¿eh?). Me parecen todos fascinantes, salvo quizá el cuarto, en el que creo que el argumento flojea un poco por la decisión del autor, a mi juicio equivocada, de narrar sólo lo que le ocurre a la mitad de los personajes que habían sido presentados hasta el libro anterior, mientras que la otra mitad quedará para el quinto libro, A Dance with Dragons, que no está previsto que salga hasta el 2009.

Ya estoy impaciente por comprármelo.

Resurrección

Octubre 3, 2008

Tras una larga procrastinación de seis meses largos, vuelvo a la carga con este blog, que no lee casi nadie, excepto cuando hablo de José Luis Martín Vigil, que tiene más fans de los que yo inicialmente hubiera pensado, incluso más jóvenes que yo.

Así que qué mejor modo de recomenzar esta andadura, que comentando el último (y segundo) libro que he leído de este autor: “Alguien debe morir”. Empezaré diciendo que me ha gustado menos que La vida sale al encuentro, por varias razones:

  • Menos frescura: La vida… es el diario de un joven adolescente, mientras que Alguien debe morir es casi una novela-ensayo, con la que se construye un caso extremo para mostrar la injusticia de la pena de muerte.
  • Estilo literario farragoso: el libro busca explorar formas literarias más modernas (que por otro lado ya estaban exploradas desde el siglo XIX) y hace uso (por no decir abuso) de los monólogos internos, no sólo para el protagonista, sino para varios personajes.
  • Incluye un juicio: esto ya es pura opinión personal, pero para thrillers judiciales ya tenemos suficiente con los autores norteamericanos, que bordan este estilo. La versión española me sabe rara.

Sin embargo, pienso que el libro tiene también sus virtudes, como pueden ser las siguientes:

  • Frescura: Sí, ya sé que he dicho antes que tiene menos frescura que La vida… pero aún así el lenguaje utilizado sigue teniendo su interés, sobre todo cuando oímos expresarse a las “clases populares”
  • El tema de la pena de muerte siempre resulta interesante (aunque como ya he dicho, el libro peca mucho de girar demasiado en torno a este tema). El autor se centra mucho en al argumento de la irreversibilidad de la pena de muerte en caso de condena por error de un inocente, si bien yo creo que hay otros argumentos más válidos, que van orientados más en la línea de la crueldad inherente a la pena de muerte.
  • Sale un jesuita: y de la vieja escuela. Todavía no salen los sacerdotes obreros de otros libros del autor, contra los que no tengo nada, pero que me resultan menos interesantes que los otros. En concreto el de este libro soluciona en un santiamén un dilema moral que lleva carcomiendo durante varias semanas las conciencias del matrimonio protagonista, y encima optando por la solución que les beneficia, ¡así da gusto!.
  • Hay carnaza: aunque como ya he dicho otras veces, me encantan las novelas de gente “bien”, tales como La Vida… o las novelas de Jane Austen, también me van las que retratan otros estratos más mugrientos de la sociedad (por ejemplo, me gustó mucho cuando leí en mi adolescencia “La Busca” de Pío Baroja, que nos muestra el Madrid menos apetecible de principios del siglo XX). Y aunque esta novela no sea transgresora, sí que quedan retratados ambientes marginales: rateros, chantajistas, chicas fáciles, arrejuntamientos, acusaciones veladas de homosexualidad, etc. Lo dicho, hay carnaza, pero sin pasarse, lo cual es de agradecer.

Concluyendo, recomiendo mucho leer este libro. Mi versión encuadernada en tela de 388 páginas (por cierto, una edición bastante mala, en la que hay hasta párrafos cambiados de sitio) me la leí muy rápido, no se hace para nada aburrido. Tengo intención de poner el libro en Book Crossing, para que así lo pueda leer más gente. Todo sea por promocionar las obras de José Luis Martín Vigil.

Por cierto, hoy es San Francisco de Borja, y ayer el Opus Dei cumplió 80 años. Poco a poco van haciéndose un clásico dentro de la Iglesia, y tal vez lleguen al esplendor que tuvo en su momento la Compañía de Jesús. Pero habrá que verlo, hoy en día el mundo está muy secularizado, y resulta mucho más difícil para los miembros de la Obra brillar tanto en el campo intelectual como brillaron en el pasado los jesuitas.