‘Shall I put my face to bed?’

It was a familiar phrase, one that I did not like; she meant, should she remove her make-up, cover herself with grease and put her hair in a net.

‘No’, I said, ‘not at once.’

Then she knew what was wanted. She had neat, hygienic ways for that too, but there were both relief and triumph in her smile of welcome, later we parted and lay in our twin beds a yard or two distant, smoking.

Me encanta esta delicadeza de Evelyn Waugh para narrar las relaciones conyugales (y las extramaritales que también aparecen en este libro), es algo que ya no se estila hoy en día, y parece que un autor peca de puritano reprimido si no describe con suficiente detalle un puñado de escenas lúbricas, desde los juegos previos hasta la eyaculación, pasando por el sexo oral (a dos bandas, por supuesto), y todos los fluidos que va segregando la pareja de amantes (si es que sólo se trata de una pareja). Luego hay otros autores que no se conforman con ser políticamente correctos,  y en vez de un simple puñado, lo que nos proporcionan es un catálogo completo de la sexualidad humana (y da gracias que se detengan ahí). Entre los que he leído últimamente entrarían en esta categoría Ken Follet (con su World Without End) y George R. R. Martin y su Song of Ice and Fire. Aunque ambos libros, sobre todo el segundo, son muy entretenidos (las cosas como son), uno acaba un poco exhausto de tanta escena amatoria.

Pero no quiero regodearme en mi propio puritanismo, así que volvamos a Brideshead Revisited. Como se puede ver en la cita del comienzo, los cónyuges, después de tener sus relaciones, se acuestan en sendas camas gemelas. Y uno no puede evitar preguntarse por qué razón los matrimonios de hoy en día han renunciado a esta comodidad accesible a casi todos los bolsillos. Recuerdo que mis abuelos paternos (Q.E.P.D) acostumbraban también a dormir en camas gemelas, no distantes una o dos yardas, como en el libro, sino casi juntas, pero camas separadas al fin y al cabo. La cantidad de hijos e hijas que tuvieron prueba que esta costumbre no fue óbice para mantener relaciones conyugales frecuentes, y por qué no, satisfactorias. Y si dormir en camas separadas no es obstáculo para el sexo ¿qué ventajas tienen las camas de matrimonio?. Alguien me dirá que este tipo de mobiliario facilita la intimidad en la pareja, entendiendo en este caso intimidad no como relaciones conyugales, sino el compartir cada noche los gozos y las fatigas del día que termina, o aducirán el gusto que da arrebujarse junto a un cuerpo calentito durante las gélidas noches de invierno. Sin embargo, estas ventajas no me parecen del todo claras (digo yo que se puede hablar también estando en camas separadas, y si tienes frío un edredón nórdico es casi tan efectivo como arrimarse a un cuerpo humano), y no hay que olvidarse de las desventajas, que no son pocas: el cuerpo que te da calorcito en invierno te lo da también en verano, el dudoso romanticismo de compartir ventosidades, los ronquidos a unos pocos centímetros de distancia (vale, aquí reconozco que hay ronquidos que no se solucionan con camas separadas, sino con habitaciones separadas), los diferentes gustos a la hora de decidir cuánta ropa de cama utilizar, y las consiguientes peleas nocturnas e inconscientes por la almohada o por el edredón, etc.

En fin, tal vez la única y verdadera razón de la cama de matrimonio es que ocupa menos espacio, y por tanto se adapta perfectamente a las soluciones habitacionales de 50 metros cuadrados para abajo. Yo me quedo con la frase de un compañero de universidad, nada puritano, que decía que él sólo compartía la cama con una chica para echar el polvo (con perdón), que luego para dormir el quería una cama con las sábanas limpitas y fresquitas para él solo. Claro que entonces la pobre chica se quedaría con la cama con olor a “eso”. De modo que para mí la solución definitiva es algo que todavía no se ha inventado (bueno, a lo mejor los polígamos sí): habitación de matrimonio con tres camas.

Por cierto, la novela Brideshead Revisited, de Evelyn Waugh, no trata de este asunto de la separación de lechos, pero es muy interesante: personajes de la clase alta inglesa, algunos de ellos católicos, y algunos de estos últimos no muy devotos. Léanla (si es posible, en inglés y en voz alta).

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