Pecados que claman al cielo
Abril 12, 2009
Pensaba antes de escribir esta entrada que lo que iba a contar era algo prácticamente caído en el olvido dentro de la tradición católica, y que ese algo me iba a servir de excusa para poder enseñar una foto de este antiguo Misal Romano Latino-Castellano con devocionario incluido, que se cuenta entre mis posesiones, y que sería la envidia de cualquier nostálgico de la Misa Tridentina.

Ya está enseñado (bonito, ¿verdad?). Ahora volvamos al tema de la entrada: los pecados que claman al cielo, que yo erronéamente pensaba que eran un concepto caduco, siguen tipificados en la última compilación del Catecismo de la Iglesia Católica (a.k.a. el de las tapas color butano), concretamente en el punto nº 1867, que dice así:
La tradición catequética recuerda también que existen ‘pecados que claman al cielo’. Claman al cielo: la sangre de Abel (cf Gn 4, 10); el pecado de los sodomitas (cf Gn 18, 20; 19, 13); el clamor del pueblo oprimido en Egipto (cf Ex 3, 7-10); el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano (cf Ex 22, 20-22); la injusticia para con el asalariado (cf Dt 24, 14-15; Jc 5, 4).
La formulación en el Devocionario de mi Misal Romano es ligeramente distinta, aunque el concepto es el mismo. En vez de “pecados que claman al cielo” se les llama “pecados que claman venganza a Dios”, y son los siguientes:
El primero: Homicidio voluntario
El segundo: Pecado impuro contra naturaleza
El tercero: Opresión del pobre
El cuarto: Defraudar al obrero su jornal
No sé con seguridad las razones para incluir en la lista estos pecados y no otros, aunque si se acude a los versículos bíblicos a los que hace referencia el punto del Catecismo, se puede ver que dichos pecados, efectivamente, claman al cielo: “Exclamó Yahveh: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”, “Dijo luego Yahveh: El clamor contra Sodoma y Gomorra es, en verdad, muy grande, y sus pecados hanse agravado mucho”, “porque vamos a destruirlo, [el lugar que ocupa Sodoma] pues ha crecido grandemente el clamor sobre ellos delante de Yahveh, y Yahveh nos ha enviado para arrasarlo.”, “Yahveh dijo luego: He contemplado la aflicción de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues conozco sus sufrimientos [...] Ahora bien; mira, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto, además, la opresión con que los egipcios los abruman.” , “No maltratarás al inmigrante ni le oprimirás, pues inmigrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto. Ni maltrataréis a ninguna viuda ni huérfano. Si de algún modo le afligieres y él clama a mí, yo escucharé ciertamente su clamor”, “No explotarás al jornalero pobre y desventurado, sea de tus hermanos, sea de inmigrantes que moran en tu tierra, en tus ciudades. El mismo día le has de dar su salario y no dejarás se ponga el sol sin entregárselo, porque es pobre y suspira por él; de esa suerte no clamará contra ti a Yahveh y no cargarás con una culpa”, no pongo la última cita, la del Libro de los Jueces, porque creo que no tiene nada que ver con el tema (¿habré descubierto un gazapo en el Catecismo de la Iglesia Católica?).
Del primer pecado no diré nada, ya que me imagino que casi todo el mundo está de acuerdo con él, aunque nunca está de más recórdaselo a ciertos indeseables.
El segundo pecado me imagino que causaría las iras de toda la troupe de Zerolo y compañía, si supieran de su existencia. (Saben que la Iglesia Católica no admite las relaciones homosexuales, pero ¡hay de la Iglesia si llegan a saber que además ésta considera que este pecado clama venganza a Dios!). Para intentar calmarles, podríamos intentar hacer un poco de exégesis modernista, e intentar dilucidar cuál fue el verdadero pecado de Sodoma, aunque por mucho que nos (o les) pese, la Biblia dice lo que dice “He aquí cuál fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: orgullo, saciedad de comida y sosegado descanso tuvieron ella y sus hijas; y al afligido y al pobre no alargó la mano, sino que se ensoberbecieron y cometieron ante mí abominación” (Ezequiel 16, 49-50). Este tema es muy complicado, pero se puede ver que además de la acusación a los sodomitas de fotocopiar por los dos lados, está también presente el tema de los otros pecados, a saber:
La opresión del pobre (incluyendo inmigrantes, huérfanos y viudas) y defraudación al obrero de su jornal, pecados sociales, si se me permite el término, que parece que hoy en día, por lo menos en España, no se oye mucho a la Iglesia hablar de ellos. Con ello no quiero decir que la Iglesia (entendiendo aquí por Iglesia su Jerarquía) no diga nunca nada al respecto, sino que una persona más o menos ajena a la Iglesia, que sólo sabe lo dicho por la Jerarquía a través de lo publicado por los medios de comunicación, no percibirá que ésta se esté ocupando mucho de los pecados sociales. No digo yo que la culpa sea de la Jerarquía, pues ya sabemos que los medios sólo suelen referenciar las palabras de los obispos cuándo éstos se meten en temas polémicos, léase aborto, EpC, laicidad, matrimonio homosexual, etc. mientras que para enterarse de si un sacerdote está encarcelado en China, o un obispo recibe amenazas de muerte por intentar defender a los más pobres, más vale recurrir al boletín de los Javerianos, o algo por el estilo, que si no no te vas a enterar.
No sé si me estoy expresando con claridad. Tal vez esta cita del libro de Georges Chevrot (que no creo que sea considerado ni mucho menos un teólogo progresista) Las Bienaventuranzas pueda aclarar un poco más mi punto de vista: El cristianismo, movimiento de jóvenes, es también un movimiento de masa. Es una religión del pueblo, de todo el pueblo, de ningún modo reservada para un pequeño círculo de iniciados. Apiñada en la montaña, detrás de los discípulos, se extendía hasta perderse de vista toda una multitud [...] Los sumos sacerdotes y los fariseos solo desprecio sentían por este populacho, a cuyos miembros llamaban “malditos e ignorantes de la ley” (Io., VII, 49). Cristo iba a decirles, en cambio, inmediatamente que eran ellos los “benditos”, los bienaventurados. Creo que no me alejo mucho de la realidad si digo que hoy, por lo menos en España, el cristianismo no es un movimiento de masas ni una religión del pueblo. Por supuesto que hay muchos cristianos que son pobres, y que la Iglesia realiza una acción caritativa asistencial inmensa, pero no yo no percibo mucha religiosidad (más allá del nivel epidérmico) ni en los barrios obreros, ni en el mundo rural, ni en los inmigrantes, ni en ningún sitio donde el cristianismo debiera arraigar en primer lugar. Esto ya viene de antiguo, podría decirse que desde el nacimiento de los movimientos socialistas en el siglo XIX, que hicieron que gran parte de las clases humildes se alejaran de la Iglesia. Pero para contrarrestar este efecto al menos se formaron sindicatos católicos, hermandades obreras, los papas publicaron sus encíclicas sociales, etc. ¿Qué queda hoy en día de todo ello? La HOAC sigue existiendo, sin duda, pero ¿cuándo se oye hablar de ella? Los papas han seguido publicando encíclicas sociales, pero probablemente los fieles de a pie no las conocen.
En fin, no sé qué se puede hacer para cambiar esto, lo primero sería empezar a actuar yo mismo, pero la verdad es que no me veo evangelizando a los pobres y luchando contra las injusticias sociales, aunque quién sabe, quiza algún día el Espíritu Santo obre algún milagro en mí…
P.S. Esta es la entrada más religiosa de mi blog. No sé si se inicia una nueva etapa en la que hable más de religión. Todo dependerá de lo que me venga en gana escribir. Pero como no me lee casi nadie, apenas notaréis la diferencia. Por cierto, Felices Pascuas.
Septiembre 27, 2009 at 2:59 am
la cita de los Jueces a que haces referencia en realidad no existe en la edición impresa del Catecismo (por lo menos en la 1ª edición). Allí figura muy claro: Santiago 5,4.
Septiembre 30, 2009 at 9:14 pm
Hola Marcelo:
Lo primero de todo, gracias por tu comentario. Lo que dices tiene mucho sentido, ya que Santiago 5,4 sí que tiene que ver con los pecados que claman al cielo, sin embargo he vuelto a comprobar el punto en cuestión de mi Catecismo, y la cita es del libro de los Jueces. Concretamente pone Jc 5,4, y Jc no es Santiago, sino Jueces.
No pongo en duda que en tu edición pueda poner Santiago (la abreviatura sería St), pero por ejemplo en la versión actual del Catecismo que está en la web de la Santa Sede hay la misma errata. Basta comprobar el punto 1867 en el siguiente enlace: http://www.vatican.va/archive/ESL0022/__P6E.HTM
Septiembre 30, 2009 at 9:34 pm
De hecho acabo de comprobar que en la misma web de la Santa Sede las versiones en otros idiomas no contienen la errata.
Por ejemplo la versión en latín:
http://www.vatican.va/archive/catechism_lt/p3s1c1a8_lt.htm#V.%20Peccati%20multiplicatio donde se cita Iac (Iacobus) 5,4
y en inglés se cita Jas (James) 5:4
http://www.vatican.va/archive/ENG0015/__P6D.HTM
Supongo que todo viene de que en español se puede confundir la abreviatura Jc para Jueces con la epístola de Santiago (por lo de Jacobo).