Fotos de Aznar
Abril 26, 2009
Iba a escribir una entrada sobre la película que vi anoche, pero tras ver una noticia en el ABC, he decidido referenciar esta última, y dejar la peli para otro día. Generalmente no suelo hablar en mi blog de política, ya que prefiero centrarlo en el cine, la literatura (sobre todo la obra de José Luis Martín Vigil), algo de religión (generalmente desde un punto de vista católico tradicional, aunque creo que a veces padezco un poco el síndrome de Chateaubriand, del que alguien dijo que era un epicúreo que tenía imaginación católica), algunos apuntes de mi vida personal (intentando mantener el anonimato), y algunas de mis pajas mentales. Pese a lo dicho, no tengo establecida a priori ninguna norma que me impida hablar de política en este blog, y eso es lo que voy a hacer, muy brevemente.
La revista XL Semanal, del grupo Vocento, ha publicado una entrevista a José María Aznar. Creo que tomé conciencia de la existencia de este político cuando yo tenía unos ocho años, viendo su cartel electoral para las elecciones generales de 1989, y creo que desde ese momento le cogí cierta simpatía, porque se peinaba a raya, igual que yo, que por entonces acababa de dejar atrás el corte de pelo a tazón (¡qué dura es la infancia!), y mi nuevo peinado me parecía el no va más de la modernidad. Este punto que compartíamos en el físico, y el entorno en el que crecí, generalmente poco favorable a Felipe González, hizo que a medida que empecé a tener pensamiento político (por decir algo), deseara fervientemente la victoria de Aznar y mandar a los socialistas a su casa.
De las elecciones generales del 93 tengo ya más recuerdos (de las del 89 no me acuerdo de nada, salvo del cartel electoral de Aznar), sobre todo de que según las encuestas parecía cantada la victoria del PP, y luego nada de eso. Sufrí una gran decepción, la verdad, en mi cabeza no me entraba que la gente pudiera seguir votando a Felipe González (supongo que a esas edades no se tiene capacidad para entender por qué no todo el mundo piensa como tú).
Luego vinieron las elecciones del 96, que fueron también decepcionantes para mí, ya que esperaba que el PP sacaría mayoría absoluta (de la victoria no dudaba, tras el éxito que habían tenido en las europeas del 94 y las municipales del 95), y luego resulta que tuvo que pactar con casi todos los nacionalistas con representación parlamentaria. Pero por lo menos Aznar ya era presidente, aunque a costa de unos pactos con seguridad humillantes para él. Y la verdad, yo creo que lo hizo muy bien.
Supongo que esa gestión, junto con cierta desmovilización del voto de izquierda por los cambalaches del PSOE y de Prisa que llevaron a la dimisión de Borrell (un socialista catalán que cree en España como nación ¡qué pena no haberle tenido a él de presidente en lugar de Zapatero!) de la candidatura a las generales, y la consecuente candidatura de Almunia, que había perdido las primarias de forma contundente, y también la contribución de mi voto, el primero y el último que le di a Aznar, llevaron al PP a la mayoría absoluta en el 2000. Yo estaba radiante de felicidad.
Pero el sueño se acabó, a partir de entonces el PP perdió (y en ocasiones dilapidó) la buena imagen que se había ganado, primero por el mero hecho de haber retirado a Felipe González de la presidencia, lo cual parecía tarea imposible para la derecha española, segundo por haber suprimido el servicio militar obligatorio (con la colaboración inestimable de CiU), y cómo no, por la ola de simpatía generada tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, a mí todavía se me pone la carne de gallina al recordar la reacción popular (la de todo el pueblo, no sólo la del PP) de entonces, y que en mi opinión no ha vuelto a repetirse.
En mi opinión el segundo gobierno de Aznar siguió haciendo las cosas bien en lo económico (aunque probablemente ya por entonces se sembraron muchos de los factores que han causado la crisis actual), y como para mí eso es lo más importante en un gobierno, supongo que lo seguía viendo con simpatía. No estuve a favor de la Guerra de Irak, pero no me manifesté contra ella (salvo una concentración silenciosa en la universidad, que yo recuerde), principalmente por el rechazo que me produjo la violencia usada por algunos para protestar contra una guerra.
El 11-M me tocó relativamente cerca, no perdí a ningún familiar, pero sí a alguien que veía todos los días. No puedo decir que fuese mi amiga, pero siempre nos saludábamos cordialmente, siempre estaba ahí, sentada muy cerca de mí. A pesar de esto, la noche del 13-M estaba celebrando (a mi pesar, no tenía ganas, no supe decir que no), el cumpleaños de otra amiga, así que no me enteré muy bien de lo que se estaba cociendo en las calles y en la Ser. Luego, en la noche del 14-M me pareció que la realidad se derrumbaba, en la tele aparecía Zapatero sonriente, celebrando una victoria que nadie se esperaba, y yo no podía comprender que la gente pudiera salir a las calles a celebrarlo, sólo a tres días del atentado (no quiero con esto criticar a quien se alegrara entonces de la victoria del PSOE, faltaría más, sólo estoy describiendo el estado anímico en el que me encontraba).
Luego vino la decepción con Rajoy, un político que es verdad que nunca tuvo mucho carisma, pero del que yo me esperaba algo más. Y peor todavía, la decepción con Aznar, que los primeros días pareció aceptar estoicamente la derrota del PP, pero que después fue adoptando una trayectoria bastante incomprensible para mí. La Fundación FAES, con la que parece que quiere enterrar el giro al centro del PP que él mismo promovió, sus lucrativas andanzas por EEUU, sus extemporáneas declaraciones, hicieron que poco a poco perdiera la simpatía que suscitara otrora en mí.
Ya ni siquiera cuida de su imagen. La entrevista en XL Semanal tiene cierto interés, pero ya sólo algunas de las fotos generan repulsión:

Y qué decir de la foto de portada de la entrevista. Cualquiera diría que quiere hacer un homenaje al vídeo del doberman que le dedicó el PSOE en 1996. Vale, el perro es un labrador, pero los colores oscuros, la expresión facial de Aznar, hacen pensar que está a punto de lanzarlo hacia ti para que te arranque un brazo de un mordisco.

¡Quién te ha visto y quién te ve!