Nevada Complutense

Junio 12, 2009

El otro día estuve en Alcalá de Henares, una ciudad que está ahí mismo, al nordeste de Madrid, y que muchos madrileños (yo incluido hasta hace muy poco) no conocen como es debido. Obviamente todo el mundo sabe que la ciudad alberga una universidad, y la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso es también muy famosa. Sin embargo merece la pena realizar una visita guiada, tanto a la Universidad como al Palacio de Laredo (se vende una entrada combinada para ambos monumentos), ya que en la primera, si la guía es tan espabilada como la que me tocó a mí, se pueden rememorar fácilmente las épocas más gloriosas de la Universidad de Alcalá, antes de la no siempre suficientemente denostada Desamortización de Mendizábal y su consiguiente traslado a Madrid, hecho que estuvo a punto de causar la ruina del conjunto histórico de la universidad, incluso la fachada iba a ser vendida a un magnate estadounidense para la construcción de su mansión.

Posiblemente el punto más divertido de la visita es el patio donde estaban la Puerta de la Gloria y la de los Burros. Por la primera salían los que aprobaban los exámenes de doctorado, mientras que por la segunda sacaban a los que suspendían. A estos últimos además se les ponía unas orejas de burro, se les manteaba (el manteo incluía retirar la manta para que el “homenajeado” se estrellara de bruces contra el suelo), se le escupía hasta que su negra capa quedase completamente blanca (la Nevada Complutense que da título a esta entrada), y ya después se le sacaba en un carro por la citada puerta, para que el pueblo de Alcalá de Henares continuara el agasajo arrojándole verduras, en agradecimiento por haberse perdido el convite de siete días a cuenta del estudiante al que hubieran tenido derecho en caso de que dicho sujeto hubiese aprobado su examen. Por cierto, San Ignacio de Loyola suspendió, y se ve que no tuvo ganas de arriesgarse a repetir curso en Alcalá, por lo que optó por doctorarse en París (si bien desconozco si en esta universidad había también prácticas semejantes).

Otro hecho curioso es el de los gorrones, estudiantes pobres a los que se diferenciaba en su atuendo de los ricos mediante un gorro grande, y que realizaban diferentes trabajos para estos últimos, los cuales les invitaban a cambio a comer en las tabernas (como se ve, la palabra gorrón viene de este hecho, si bien los gorrones primigenios se habían ganado con su trabajo el que los ricos les convidaran a comer). Estudiantes pobres y los criados de los ricos compartían habitaciones grandes llamadas leoneras, aunque no sé si en este caso esta palabra viene de ahí, o existía anteriormente.

Por último, el palacio de Laredo, cercano a la estación de tren, es también una visita muy recomendable, tanto por la originalidad arquitectónica del edificio en sí, como por albergar un ejemplar de la Biblia Políglota y otro de la Biblia de los belgas (de esta última apenas consigo encontrar información en Internet).

Para comer, una posible opción es alejarse un poco del centro, e ir a comer a la Cervecería la Muralla, en la Avenida de Guadalajara, donde se sirven generosas raciones, o bien menú convencional. La relación calidad/precio está bastante bien, y el local es acogedor y bien decorado.

One Response to “Nevada Complutense”

  1. nadie Says:

    Te felicito por el blog. Muy interesante todo lo que cuentas. Este post ha sido el que más me ha gustado.

    Un saludo.


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