La última de Miyazaki

Julio 11, 2009

He de confesar que Ponyo en el acantilado, pese a que me gustó, no estuvo al alcance de mis expectativas, ya que me esperaba algo en la línea de El viaje de Chihiro o El castillo ambulante, y no una película bastante más infantil, en la línea de Mi vecino Totoro. No es que las dos anteriores no sean infantiles, pero para entendernos, no son las típicas que les gustaría a niños de alrededor de seis años (e incluso les puede dar miedo), mientras que Ponyo y Totoro les puede encantar.

Como es lógico yo, pese a mi espíritu infantil, prefiero las de la categoría “infantil, pero menos”, así que en ese aspecto me decepcionó un poco. Por lo demás, la temática es muy parecida a la de la mayoría de películas de Miyazaki: protagonistas infantiles, aunque también hay ancianos de por medio (a los que Miyazaki siempre caracteriza de una forma encantadora, aunque a veces un poco repetitiva, por ejemplo, la anciana gruñona de esta película me recordaba mucho a la Bruja del Páramo de El Castillo Ambulante, cuando ésta es ‘resecada’ por Madame Suliman), mensaje ecologista (al mostrar los desperdicios que van a parar al mar), seres mitológicos inclasificables tales como Fujimoto y su mujer…

La animación es totalmente tradicional, sin ningún efecto de ordenador. Lo cual se puede considerar meritorio, pero para mí no admite comparación con la exquisitez visual de El Viaje de Chihiro y algunas partes de El Castillo Ambulante. En este aspecto lo que más me gustó fue la escena de Ponyo corriendo sobre las olas al ritmo de una variación de la Cabalgata de las valkirias.

En resumen, recomiendo ver la película, como cualquiera de las de Miyazaki, pero espero que no se aficione mucho a esta línea de películas, y vuelva al estilo de las que había venido haciendo últimamente.

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