Bendita prostitución

Abril 20, 2009

Suena un poco irreverente el título de esta entrada, que me hace recordar vagamente la magnífica paradoja expresada en el Pregón pascual:

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

La edición digital de El Mundo se suele caracterizar por tener entre sus noticias más leídas no las que se podrían considerar las más importantes del día, sino las más morbosas, las más impactantes, o incluso las más estúpidas. La noticia más leída de hoy entra dentro de la categoría de morbosas, pero por una vez da algo que pensar.

Plantea el artículo la siguiente pregunta: ¿Realizan una función social las prostitutas que prestan sus servicios a discapacitados físicos y psíquicos?. Nos cuentan la historia de Marien, meretriz especializada en este tipo de clientela, y a uno casi se le saltan las lágrimas al pensar en la heroicidad de esta profesional que es capaz de satisfacer las necesidades de cualquier persona por muy repulsivos que puedan resultar sus defectos de su cuerpo o de su psique (digo que casi se saltan las lágrimas, antes de que se nos diga las tarifas que cobra la señorita en cuestión)

Me vino a la memoria también al leer este artículo un pasaje de un libro un tanto sórdido: Diario de una ninfómana, de Valérie Tasso. Cuenta la autora que en la época en que decidió buscarse a sí misma, o algo parecido, mediante el ejercicio del oficio más antiguo, le tocó en suerte ir a satisfacer a un hombre tetrapléjico, que curiosamente sufría de una erección permanente pese a no tener sensibilidad ni en sus genitales ni en la práctica totalidad de su cuerpo, con la excepción del cuello, zona en la que Valérie le satisfizo mediante besitos durante una hora. Dice que después de eso estaba decidida a no quejarse nunca más (cosa que seguro que no cumplió). Resulta una historia conmovedora dentro de un libro que, la verdad, es una cerdada.

También recuerdo que una amiga contaba que cuando fue una vez a asistir durante una temporada a discapacitados psíquicos, a los chicos voluntarios (varones) les pidieron que enseñaran a algunos residentes a autosatisfacerse, ya que al no saber hacerlo, se autolesionaban con frecuencia al intentar aliviarse restregándose y dándose golpes contra postes y farolas. ¡Tarea delicada donde las haya!.

Y es que hay veces que cuesta aceptar que las personas discapacitadas tienen las mismas pulsiones que nosotros, y que su propia condición constituye frecuentemente obstáculo absoluto para poder seguir el camino natural para encauzar las pasiones que es el matrimonio (o la vida en pareja, si queremos ser políticamente correctos). A mí por ejemplo me resulta difícil concebir que  las personas con Síndrome de Down, lo más próximo para mí a los ángeles que hay sobre la tierra, puedan tener también deseos sexuales y claro, probablemente sea también para ellos más difícil vivir una castidad a la que se ven abocados lo quieran o no.

Claro que también en la actualidad la importancia que se le da al sexo alcanza a veces cotas desproporcionadas, y puede que a los discapacitados les pase lo mismo que al resto de las personas, que al estar constantemente las alusiones al sexo flotando en el ambiente, las pulsiones se hagan más fuertes y difíciles de controlar. Pero en cualquier caso, ahí queda eso. Mientras tanto yo, virgen no sé si del mérito o del fracaso, espero como Ignacio Sáez de Ichaso y Falcón no tener que recurrir nunca a este tipo de servicios. Igual que él, mucho tendría que cambiar yo para eso.

Pensaba antes de escribir esta entrada que lo que iba a contar era algo prácticamente caído en el olvido dentro de la tradición católica, y que ese algo me iba a servir de excusa para poder enseñar una foto de este antiguo Misal Romano Latino-Castellano con devocionario incluido, que se cuenta entre mis posesiones, y que sería la envidia de cualquier nostálgico de la Misa Tridentina.

Misal Romano Latino-Castellano y Devocionario

Ya está enseñado (bonito, ¿verdad?). Ahora volvamos al tema de la entrada: los pecados que claman al cielo, que yo erronéamente pensaba que eran un concepto caduco, siguen tipificados en la última compilación del Catecismo de la Iglesia Católica (a.k.a. el de las tapas color butano), concretamente en el punto nº 1867, que dice así:

La tradición catequética recuerda también que existen ‘pecados que claman al cielo’. Claman al cielo: la sangre de Abel (cf Gn 4, 10); el pecado de los sodomitas (cf Gn 18, 20; 19, 13); el clamor del pueblo oprimido en Egipto (cf Ex 3, 7-10); el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano (cf Ex 22, 20-22); la injusticia para con el asalariado (cf Dt 24, 14-15; Jc 5, 4).

La formulación en el Devocionario de mi Misal Romano es ligeramente distinta, aunque el concepto es el mismo. En vez de “pecados que claman al cielo” se les llama “pecados que claman venganza a Dios”, y son los siguientes:

El primero: Homicidio voluntario

El segundo: Pecado impuro contra naturaleza

El tercero: Opresión del pobre

El cuarto: Defraudar al obrero su jornal

No sé con seguridad las razones para incluir en la lista estos pecados y no otros, aunque si se acude a los versículos bíblicos a los que hace referencia el punto del Catecismo, se puede ver que dichos pecados, efectivamente, claman al cielo: “Exclamó Yahveh: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”, “Dijo luego Yahveh: El clamor contra Sodoma y Gomorra es, en verdad, muy grande, y sus pecados hanse agravado mucho”, “porque vamos a destruirlo, [el lugar que ocupa Sodoma] pues ha crecido grandemente el clamor sobre ellos delante de Yahveh, y Yahveh nos ha enviado para arrasarlo.”, “Yahveh dijo luego: He contemplado la aflicción de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus opresores, pues conozco sus sufrimientos [...] Ahora bien; mira, el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto, además, la opresión con que los egipcios los abruman.” , “No maltratarás al inmigrante ni le oprimirás, pues inmigrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto. Ni maltrataréis a ninguna viuda ni huérfano. Si de algún modo le afligieres y él clama a mí, yo escucharé ciertamente su clamor”, “No explotarás al jornalero pobre y desventurado, sea de tus hermanos, sea de inmigrantes que moran en tu tierra, en tus ciudades. El mismo día le has de dar su salario y no dejarás se ponga el sol sin entregárselo, porque es pobre y suspira por él; de esa suerte no clamará contra ti a Yahveh y no cargarás con una culpa”, no pongo la última cita, la del Libro de los Jueces, porque creo que no tiene nada que ver con el tema (¿habré descubierto un gazapo en el Catecismo de la Iglesia Católica?).

Del primer pecado no diré nada, ya que me imagino que casi todo el mundo está de acuerdo con él, aunque nunca está de más recórdaselo a ciertos indeseables.

El segundo pecado me imagino que causaría las iras de toda la troupe de Zerolo y compañía, si supieran de su existencia. (Saben que la Iglesia Católica no admite las relaciones homosexuales, pero ¡hay de la Iglesia si llegan a saber que además ésta considera que este pecado clama venganza a Dios!). Para intentar calmarles, podríamos intentar hacer un poco de exégesis modernista, e intentar dilucidar cuál fue el verdadero pecado de Sodoma, aunque por mucho que nos (o les) pese, la Biblia dice lo que dice “He aquí cuál fue la iniquidad de Sodoma, tu hermana: orgullo, saciedad de comida y sosegado descanso tuvieron ella y sus hijas; y al afligido y al pobre no alargó la mano, sino que se ensoberbecieron y cometieron ante mí abominación” (Ezequiel 16, 49-50). Este tema es muy complicado, pero se puede ver que además de la acusación a los sodomitas de fotocopiar por los dos lados, está también presente el tema de los otros pecados, a saber:

La opresión del pobre (incluyendo inmigrantes, huérfanos y viudas) y defraudación al obrero de su jornal, pecados sociales, si se me permite el término, que parece que hoy en día, por lo menos en España, no se oye mucho a la Iglesia hablar de ellos. Con ello no quiero decir que la Iglesia (entendiendo aquí por Iglesia su Jerarquía) no diga nunca nada al respecto, sino que una persona más o menos ajena a la Iglesia, que sólo sabe lo dicho por la Jerarquía a través de lo publicado por los medios de comunicación, no percibirá que ésta se esté ocupando mucho de los pecados sociales. No digo yo que la culpa sea de la Jerarquía, pues ya sabemos que los medios sólo suelen referenciar las palabras de los obispos cuándo éstos se meten en temas polémicos, léase aborto, EpC, laicidad, matrimonio homosexual, etc. mientras que para enterarse de si un sacerdote está encarcelado en China, o un obispo recibe amenazas de muerte por intentar defender a los más pobres, más vale recurrir al boletín de los Javerianos, o algo por el estilo, que si no no te vas a enterar.

No sé si me estoy expresando con claridad. Tal vez esta cita del libro de Georges Chevrot (que no creo que sea considerado ni mucho menos un teólogo progresista) Las Bienaventuranzas pueda aclarar un poco más mi punto de vista: El cristianismo, movimiento de jóvenes, es también un movimiento de masa. Es una religión del pueblo, de todo el pueblo, de ningún modo reservada para un pequeño círculo de iniciados. Apiñada en la montaña, detrás de los discípulos, se extendía hasta perderse de vista toda una multitud [...] Los sumos sacerdotes y los fariseos solo desprecio sentían por este populacho, a cuyos miembros llamaban “malditos e ignorantes de la ley” (Io., VII, 49). Cristo iba a decirles, en cambio, inmediatamente que eran ellos los “benditos”, los bienaventurados. Creo que no me alejo mucho de la realidad si digo que hoy, por lo menos en España, el cristianismo no es un movimiento de masas ni una religión del pueblo. Por supuesto que hay muchos cristianos que son pobres, y que la Iglesia realiza una acción caritativa asistencial inmensa, pero no yo no percibo mucha religiosidad (más allá del nivel epidérmico)  ni en los barrios obreros, ni en el mundo rural, ni en los inmigrantes, ni en ningún sitio donde el cristianismo debiera arraigar en primer lugar. Esto ya viene de antiguo, podría decirse que desde el nacimiento de los movimientos socialistas en el siglo XIX, que hicieron que gran parte de las clases humildes se alejaran de la Iglesia. Pero para contrarrestar este efecto al menos se formaron sindicatos católicos, hermandades obreras, los papas publicaron sus encíclicas sociales, etc. ¿Qué queda hoy en día de todo ello? La HOAC sigue existiendo, sin duda, pero ¿cuándo se oye hablar de ella? Los papas han seguido publicando encíclicas sociales, pero probablemente los fieles de a pie no las conocen.

En fin, no sé qué se puede hacer para cambiar esto, lo primero sería empezar a actuar yo mismo, pero la verdad es que no me veo evangelizando a los pobres y luchando contra las injusticias sociales, aunque quién sabe, quiza algún día el Espíritu Santo obre algún milagro en mí…

P.S. Esta es la entrada más religiosa de mi blog. No sé si se inicia una nueva etapa en la que hable más de religión. Todo dependerá de lo que me venga en gana escribir. Pero como no me lee casi nadie, apenas notaréis la diferencia. Por cierto, Felices Pascuas.

‘Shall I put my face to bed?’

It was a familiar phrase, one that I did not like; she meant, should she remove her make-up, cover herself with grease and put her hair in a net.

‘No’, I said, ‘not at once.’

Then she knew what was wanted. She had neat, hygienic ways for that too, but there were both relief and triumph in her smile of welcome, later we parted and lay in our twin beds a yard or two distant, smoking.

Me encanta esta delicadeza de Evelyn Waugh para narrar las relaciones conyugales (y las extramaritales que también aparecen en este libro), es algo que ya no se estila hoy en día, y parece que un autor peca de puritano reprimido si no describe con suficiente detalle un puñado de escenas lúbricas, desde los juegos previos hasta la eyaculación, pasando por el sexo oral (a dos bandas, por supuesto), y todos los fluidos que va segregando la pareja de amantes (si es que sólo se trata de una pareja). Luego hay otros autores que no se conforman con ser políticamente correctos,  y en vez de un simple puñado, lo que nos proporcionan es un catálogo completo de la sexualidad humana (y da gracias que se detengan ahí). Entre los que he leído últimamente entrarían en esta categoría Ken Follet (con su World Without End) y George R. R. Martin y su Song of Ice and Fire. Aunque ambos libros, sobre todo el segundo, son muy entretenidos (las cosas como son), uno acaba un poco exhausto de tanta escena amatoria.

Pero no quiero regodearme en mi propio puritanismo, así que volvamos a Brideshead Revisited. Como se puede ver en la cita del comienzo, los cónyuges, después de tener sus relaciones, se acuestan en sendas camas gemelas. Y uno no puede evitar preguntarse por qué razón los matrimonios de hoy en día han renunciado a esta comodidad accesible a casi todos los bolsillos. Recuerdo que mis abuelos paternos (Q.E.P.D) acostumbraban también a dormir en camas gemelas, no distantes una o dos yardas, como en el libro, sino casi juntas, pero camas separadas al fin y al cabo. La cantidad de hijos e hijas que tuvieron prueba que esta costumbre no fue óbice para mantener relaciones conyugales frecuentes, y por qué no, satisfactorias. Y si dormir en camas separadas no es obstáculo para el sexo ¿qué ventajas tienen las camas de matrimonio?. Alguien me dirá que este tipo de mobiliario facilita la intimidad en la pareja, entendiendo en este caso intimidad no como relaciones conyugales, sino el compartir cada noche los gozos y las fatigas del día que termina, o aducirán el gusto que da arrebujarse junto a un cuerpo calentito durante las gélidas noches de invierno. Sin embargo, estas ventajas no me parecen del todo claras (digo yo que se puede hablar también estando en camas separadas, y si tienes frío un edredón nórdico es casi tan efectivo como arrimarse a un cuerpo humano), y no hay que olvidarse de las desventajas, que no son pocas: el cuerpo que te da calorcito en invierno te lo da también en verano, el dudoso romanticismo de compartir ventosidades, los ronquidos a unos pocos centímetros de distancia (vale, aquí reconozco que hay ronquidos que no se solucionan con camas separadas, sino con habitaciones separadas), los diferentes gustos a la hora de decidir cuánta ropa de cama utilizar, y las consiguientes peleas nocturnas e inconscientes por la almohada o por el edredón, etc.

En fin, tal vez la única y verdadera razón de la cama de matrimonio es que ocupa menos espacio, y por tanto se adapta perfectamente a las soluciones habitacionales de 50 metros cuadrados para abajo. Yo me quedo con la frase de un compañero de universidad, nada puritano, que decía que él sólo compartía la cama con una chica para echar el polvo (con perdón), que luego para dormir el quería una cama con las sábanas limpitas y fresquitas para él solo. Claro que entonces la pobre chica se quedaría con la cama con olor a “eso”. De modo que para mí la solución definitiva es algo que todavía no se ha inventado (bueno, a lo mejor los polígamos sí): habitación de matrimonio con tres camas.

Por cierto, la novela Brideshead Revisited, de Evelyn Waugh, no trata de este asunto de la separación de lechos, pero es muy interesante: personajes de la clase alta inglesa, algunos de ellos católicos, y algunos de estos últimos no muy devotos. Léanla (si es posible, en inglés y en voz alta).

Tarde de Miércoles Santo. Madrid de los Austrias, obras en Ópera (ascensor para la estación de Metro, remodelación de la plaza), paso por la Plaza de Oriente, al lado de una aglomeración católica que reza el Viacrucis con el Cardenal de Madrid. Me aventuro por la calle de la Almudena, con esa estatua de bronce que contempla impertérrita la excavaciones arqueológicas del Madrid islámico, intimidando por la noche a los turistas desprecavidos. Desemboco en Mayor, justo enfrente de la Catedral Castrense, torno a la izquierda y, tras pasar la calle del Factor, giro otra vez a la izquierda, por San Nicolás.

Llego a mi destino, la iglesia de San Nicolás de los Servitas, un pobre sudamericano sentado a la puerta. No le doy nada. Entro, el horario me confirma lo que yo esperaba: hay Misa de ocho (el horario más probable en España para una misa vespertina en día laborable). Unos pocos viejos desperdigados por los bancos, sorprendentemente también hay una pareja muy joven, alrededor de la veintena, él con unas curras bastante considerables. Se respira la calma, el ambiente de paz que sólo una de las iglesias más antiguas (si no las más antigua) de Madrid puede poseer. La Virgen presidiendo el altar. A la izquierda, cuadros con temática de los siete santos fundadores. En el crucero, a la izquierda, un Sagrado Corazón de Jesús, a la derecha, un Crucifijo que mueve a devoción, y una Dolorosa, no sé si para procesionar.

Con cinco minutos de retraso, comienza la Eucaristía. Un cura (¿monje?) muy espigado, con pelo largo y lacio, partido con raya al medio, gafas de pasta que se quita durante la Misa. ¿Bigote y perilla? ya no me acuerdo. Es del tipo místico, con entonaciones aflautadas, pero sin exagerar. El timbre, no muy viril, pero sin espantar. Lo más bonito: el ofertorio, en el que empieza a cantar, repitiendo una y otra vez, con muy buena voz “Quién ama y anda en amor, ni cansa ni se cansa” (o eso es lo que entendía yo. Según Google, esto es de San Juan de la Cruz, y dice en realidad “El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”). Mi alma, tan turbada, se va serenando, a pesar de las molestias generadas por turistas que entran a deshora. Doy dos euros de limosna, para cubrir la muchedumbre de mis pecados (pero no alcanzan).

Un ligero toque de cura moderno durante el rito de Comunión, justo después del Padrenuestro, a continuación del “Líbranos de todos los males, Señor” sigue con “de las guerras, de la miseria, de los malos tratos contra las mujeres, de la discrimación por razón de raza, credo o condición”, etc. Yo me quedo sentado y no comulgo (probablemente el único). Mañana (ayer) será distinto, mañana será Jueves Santo. Día de Miserere

En el colegio femenino

Diciembre 1, 2008

En mi entrada de principios de este mes que da repaso a La vida sale al encuentro, lanzaba yo medio a escondidas una pregunta sobre el otro colegio del libro, o sea, el de las chicas, ese Sancta Sanctorum del que apenas se nos dice nada, en el que los chicos no podían entrar bajo ningún concepto (mientras que ellas en el suyo sí), ese gineceo misterioso en el que se formaba la flor y nata de las féminas de Pontevedra, y por extensión, las de Vigo, las de Marín, incluyendo a Karin, por supuesto, la inspiradora de mi primer y cuasi extinto blog.

En la época en la que leí el libro (contaría yo con quince o dieciséis años, aproximadamente la edad de los protagonistas) Karin constituyó en mi imaginación el arquetipo de chica con la que querría enamorarme y compartir el resto de mi vida. Alemana, rubia, alta, esbelta, fiel católica, comprensiva con los defectos de los hombres, buena jugadora de tenis… el no va más. Yo sería para ella igual que Ignacio, o casi igual, ya que yo, a diferencia de él, no me he sentido nunca tentado por la carrera militar, me imaginaba más bien como médico, ya casado, con cuatro hijos varones, educados en la más pura ortodoxia doctrinal, en la más estricta sobriedad de costumbres, y en el amor incondicional por el conocimiento, más en su vertiente humanística que científica. ¡Qué extrañas ideas pueblan las mentes adolescentes! Pero creo que no exageraría mucho si digo que pensar en una chica como Karin me servía para sublimar mis pulsiones, especialmente fuertes en aquella época, a modo de entrenamiento moral que me haría digno en el futuro de conseguir una chica así —lo que mi idealista mente adolescente no sabía era que en esta época encontrar una chica como Karin es casi como buscar una aguja en un pajar (y no precisamente por ser rubia y alemana)—. Tiempo habría de sobra para el desengaño.

Pero no hablemos más de mis ensoñaciones de púber, sino de los que nos ocupa en esta entrada: el Colegio Placeres o, si queremos hablar en un lenguaje actual y políticamente correcto, el Colexio Sagrado Corazón Praceres. Aunque no he encontrado mucha información sobre el colegio, lo poco que he visto no me ha alegrado en demasía. Veamos, la web (a la cual no le vendría mal un remozamiento) está en gallego y en castellano, lo cual nos parece impecable, pero buceando un poco más en ella, nos sorprende ver que el colegio cuenta con los siguientes departamentos: Matemáticas, Plástica, Ciencias, Inglés, Gallego y Normalización. Como ven, las únicas lenguas mencionadas son el gallego y el inglés, lo más parecido al castellano que he encontrado en la web ha sido Castelao, y el departamento de Normalización es exactamente lo que nuestra mente malpensante nos hace creer que es: la policía lingüística del colegio, que vela por la omnipresencia del gallego en todas las actividades educativas (y por ende por la marginación del castellano, claro que esto sólo es una emanación de nuestra mente malpensante). En el lado religioso-filosófico-pedagógico, no quiero juzgar de modo superficial, aunque ciertamente algunas querencias que he podido encontrar por ahí no me hacen ser muy optimista.

En fin, no es mi intención hablar de política en mi blog, aunque mucho me temo que esta entrada sea motivo de enfado para algún bloqueiro, claro que como este blog no lo lee casi nadie, la probabilidad de que entre aquí un bloqueiro es escasa,  y la de que se lea esta entrada en castellano, casi nula. Como homenaje a Karin, y a lo que el colegio Placeres pudo ser en su momento, incluyo un enlace a un evento social al que tal vez pudiera haber acudido alguna de sus compañeras, (si es el que el personaje de Karin es real) aunque éstas son quizá un poquito demasiado jóvenes. A continuación incluyo también alguna foto, sacada de la web del colegio (si tiene derechos de autor, que me lo digan y las quito), donde se puede apreciar que tanto el edificio como el entorno son espectaculares.

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¡Quién pudiera haber estudiado al lado del mar! ¡Cómo te envidio, Karin!

Exquisitas ternuras

Noviembre 21, 2008

Alejandro vio a otro que tenía las cuencas de los ojos vacías y secas como las de una calavera.

—¿Y a ti que te hicieron? —le preguntó.

—Me cortaron los párpados, me esparcieron miel sobre los ojos y luego me ataron cerca de un hormiguero. También yo servía en la marina ateniense. Querían saber dóde estaba escondido el resto de la flota, pero yo me negué y…

Extraído de Aléxandros (El confín del mundo). Valerio Massimo Manfredi

Este libro es muy recomendable.

¿Cómo medir el dolor? ¿Cómo saber qué tormentos son más crueles que otros?. La literatura ofrece un medio: yo al leer este párrafo, empecé a sentir escalofríos. También me acuerdo, cuando leí 1984, que cuando leía las torturas a las que era sometido Winston, también mi cuerpo reaccionaba de algún modo (por ejemplo, en la prueba final en la que Winston traiciona a su amante para evitar que le hicieran saltar una rata a la cara).

Probablemente estas reacciones corporales sirven como medida indirecta del dolor real que provocan estos testimonios de la barbarie humana. O tal vez no ¿alguien tiene una idea al respecto?.

Por cierto, el título de la entrada, por si no os habíais dado cuenta, es de una película. No tengo ni idea de si es buena o no porque no la he visto, pero creo que tiene bastante casquería, provocada por un médico, por lo que quizá sirva para produndizar en este tema.

Y otra vez es noviembre, y tal vez este año sí que consiga completar mi proyecto de comentar La vida sale al encuentro capítulo a capítulo, es decir, mes a mes en ese año apasionante y crucial en la vida de Iñaki Sáez de Ichaso y Falcón.

Otra vez ese comienzo bíblico, que condensa en una línea toda la esencia de la existencia humana: Militia est vita hominis super terram, una existencia, que aunque esté plagada de todas las alegrías, placeres y compensaciones a los que podamos aspirar, no puede ocultar que a fin de cuentas este mundo es un valle de lágrimas, que vivimos de prestado, que la muerte nos acecha de continuo, que nuestros cuerpos se desgastan en tan gran medida que acabamos por no poder mirarnos en el espejo, que a fin de cuentas lo que apetece más a menudo es volver a la cama, y dormir, no para descansar (que también), sino para no tener que sufrir los embates de los enemigos del alma: el Mundo, el Demonio, la Carne, o lo que es lo mismo, para no ser zarandeados por la vida.

Una vida que por otra parte nos parece que sólo se puede vivir con plenitud (aparte de los años de infancia semiinconsciente) en nuestra adolescencia, o mejor dicho, tenemos la impresión de que nuestra adolescencia ya pasó sin que aprovecháramos al máximo todas las ofrendas y dádivas que nos hacía. Después intentamos vivir nuestra segunda juventud como un tiempo de recuperación, por no decir casi de venganza, queremos resarcirnos de unos años que por muy optimistas que seamos se nos antojan prácticamente desperdiciados. Pero nuestro cuerpo no nos engaña: en esta segunda juventud alcanzamos la plenitud de nuestras fuerzas físicas, sí, pero a la vez sentimos en nosotros (y en especial los varones) que hemos dejado ya atrás la plenitud en otras cosas (por ejemplo, la masa capilar que cubre nuestros cráneos), y que antes de que nos demos cuenta los primeros síntomas de la madurez (cruel eufemismo) comenzarán a apropiarse de nosotros.

Pero nuestra adolescencia no nos parecería desaprovechada si la hubiéramos vivido como la vivió Iñaki en un solo año, o solamente en noviembre: dos meses escasos de colegio, unos desalmados vejando a su hermano tullido Cheché, bastonazo en la mollera de uno de los gamberros, la resignación de Cheché, por quien su hermano mayor ha luchado para que fuera al Colegio como los demás niños, bronca del Prefecto, reconciliación con el enemigo, sombras en el futuro de Iñaki como congregante mariano, intercesión del Padre Urcola, el cura que todos querrían a esa edad, la pandilla: Panchito, Azufre y Jaime Bandeira (de la Junta de Congregación ni más ni menos), el fin de semana en casa (para una adolescencia plena hay que estar en un internado, a todas horas con tus amigos), un pitillo clandestino mirando la preciosa ría de Vigo, las niñas, Patri y Karin, internas en el Colegio Placeres (¿alguien sabe de este colegio?), acosadas por los del Preu, la tía Luchy (la tía con la que soñamos todos), el padre militar, distante, serio, pero paterno a fin de cuentas, la madre joven y aún coqueta. Iñaki celebra su decimoquinto cumpleaños ¡sólo quince años!, recibe una raqueta de regalo (¿a quién no le gusta el tenis?), partida de dobles mixtos, las chicas guapas vestidas de blanco inmaculado, duchas de agua fría, ¡Triunfo! Admisión en la Congregación Mariana y al día siguiente visita de pobres, para estimular la generosidad. Partido en Balaídos (algún defecto tendrá que tener no vivir en Madrid), la vergüenza por tener ojos azul de mar, el miedo a fin de cuentas de no parecer lo suficientemente hombre a los quince años ¡Quién los pillara!

A Song of Ice and Fire

Octubre 25, 2008

En los últimos meses me he visto enfrascado en la lectura de auténticos ladrillos, si bien ladrillos sólo en cuanto a su grosor, porque son realmente interesantes. Todos ellos pertenecen a una misma serie, creada por el escritor estadounidense George R. R. Martin, el cual, si vemos su foto por ejemplo en la Wikipedia, parece un personaje salido de El Señor de los Anillos, como por ejemplo un maestro enano herrero (y no porque tenga baja estatura).

Sin embargo, no es su aspecto físico, delicia para los friquis, la causa de que a menudo se le considere el sucesor de Tolkien, sino obviamente su obra literaria, particularmente la más conocida, la saga “Canción de Hielo y Fuego”, que es precisamente de la que voy a hablar.

Hasta ahora me he leído, en versión original (sí, para esto soy muy exquisito, hice lo mismo con El Señor de los Anillos, el Hobbit, y el Silmarillion, y especialmente este último gana francamente mucho sobre la versión española)   A Game of Thrones, A Clash of Kings, A Storm of Swords y A Feast for Crows Todos estos libros son de gran grosor, y aún quedan por salir tres más para completar la serie, de modo que si a alguno de ustedes le resultó un poco largo El Señor de los Anillos, mejor no intenten abordar esta serie, que si se lleva al cine necesitará por lo menos una heptalogía (y digo por lo menos porque me parece complicado sintetizar cada libro en una sola película).

Aunque hay elementos en común con la obra maestra de Tolkien (mapa al comienzo del libro, invención de todo un continente, época indeterminada semejante a la Edad Media), también hay fuertes divergencias, a saber:

  1. Distinción difusa entre el bien y el mal: hay mucha gente que critica a Tolkien por la separación tan radical que hace entre personajes buenos y personajes malos, y porque además los buenos siempre son abrumadoramente mejores (no sólo moralmente, lo cual sería lógico, sino también más inteligentes, guapos y fuertes) que los malos, y casi nunca mueren. De hecho, en El Señor de los Anillos, sólo uno de los integrantes de la Compañía del Anillo, Boromir, muere, y como todos sabemos, no era 100% bueno. La saga Canción de Hielo y Fuego es totalmente distinta: aunque lo habitual es que encontremos a los Stark como los más buenos, la trama del libro no deja de ser una serie de luchas entre facciones con motivaciones muchas veces discutibles. Además, no conviene encariñarse con ningún personaje, ya que por muy importante que nos parezca, eso no es garantía de que George R. R. Martin no se lo cargue sin contemplaciones cuando uno menos se lo espera.
  2. Carnaza: el Señor de los Anillos es un relato limpio: la violencia no es descrita con saña, y el sexo es inexistente, mientras que en Canción de Hielo y Fuego hay de las dos cosas en grandes dosis y en todas sus variantes, hasta resultar casi extenuante.
  3. Religión: aunque el Señor de los Anillos no habla explícitamente de religión, generalmente se ha considerado que todo el libro es una metáfora de la redención cristiana (aunque siempre se discute si ésa es la intención del autor). Por el contrario, en la Canción de Hielo y Fuego se describen pormenorizadamente las religiones que existen en el mundo inventado por George R. R. Martin. Sin embargo, toda la obra rezuma en mi opinión bastante escepticismo.
  4. Estilo narrativo: una particularidad de la saga es que cada capítulo está narrado desde el punto de vista de un personaje, y de esta manera el autor consigue dos cosas: que nos acordemos al menos de quiénes son los personajes principales (ya que el número total de personajes alcanza cotas desmesuradas, superiores a las de cualquier otro libro que recuerde haber leído), y a la vez que podamos saber cómo piensan los personajes por dentro (y enlazando con el punto 1, esto contribuye a diluir la delgada línea entre el bien y el mal, ya que al poder meternos en el interior de los ‘malos’, éstos también pueden empezar a caernos bien).

De momento creo que no diré nada más de estos libros, salvo recomendar su lectura (pero sin entretenerse en las escenas lúbricas, ¿eh?). Me parecen todos fascinantes, salvo quizá el cuarto, en el que creo que el argumento flojea un poco por la decisión del autor, a mi juicio equivocada, de narrar sólo lo que le ocurre a la mitad de los personajes que habían sido presentados hasta el libro anterior, mientras que la otra mitad quedará para el quinto libro, A Dance with Dragons, que no está previsto que salga hasta el 2009.

Ya estoy impaciente por comprármelo.

Resurrección

Octubre 3, 2008

Tras una larga procrastinación de seis meses largos, vuelvo a la carga con este blog, que no lee casi nadie, excepto cuando hablo de José Luis Martín Vigil, que tiene más fans de los que yo inicialmente hubiera pensado, incluso más jóvenes que yo.

Así que qué mejor modo de recomenzar esta andadura, que comentando el último (y segundo) libro que he leído de este autor: “Alguien debe morir”. Empezaré diciendo que me ha gustado menos que La vida sale al encuentro, por varias razones:

  • Menos frescura: La vida… es el diario de un joven adolescente, mientras que Alguien debe morir es casi una novela-ensayo, con la que se construye un caso extremo para mostrar la injusticia de la pena de muerte.
  • Estilo literario farragoso: el libro busca explorar formas literarias más modernas (que por otro lado ya estaban exploradas desde el siglo XIX) y hace uso (por no decir abuso) de los monólogos internos, no sólo para el protagonista, sino para varios personajes.
  • Incluye un juicio: esto ya es pura opinión personal, pero para thrillers judiciales ya tenemos suficiente con los autores norteamericanos, que bordan este estilo. La versión española me sabe rara.

Sin embargo, pienso que el libro tiene también sus virtudes, como pueden ser las siguientes:

  • Frescura: Sí, ya sé que he dicho antes que tiene menos frescura que La vida… pero aún así el lenguaje utilizado sigue teniendo su interés, sobre todo cuando oímos expresarse a las “clases populares”
  • El tema de la pena de muerte siempre resulta interesante (aunque como ya he dicho, el libro peca mucho de girar demasiado en torno a este tema). El autor se centra mucho en al argumento de la irreversibilidad de la pena de muerte en caso de condena por error de un inocente, si bien yo creo que hay otros argumentos más válidos, que van orientados más en la línea de la crueldad inherente a la pena de muerte.
  • Sale un jesuita: y de la vieja escuela. Todavía no salen los sacerdotes obreros de otros libros del autor, contra los que no tengo nada, pero que me resultan menos interesantes que los otros. En concreto el de este libro soluciona en un santiamén un dilema moral que lleva carcomiendo durante varias semanas las conciencias del matrimonio protagonista, y encima optando por la solución que les beneficia, ¡así da gusto!.
  • Hay carnaza: aunque como ya he dicho otras veces, me encantan las novelas de gente “bien”, tales como La Vida… o las novelas de Jane Austen, también me van las que retratan otros estratos más mugrientos de la sociedad (por ejemplo, me gustó mucho cuando leí en mi adolescencia “La Busca” de Pío Baroja, que nos muestra el Madrid menos apetecible de principios del siglo XX). Y aunque esta novela no sea transgresora, sí que quedan retratados ambientes marginales: rateros, chantajistas, chicas fáciles, arrejuntamientos, acusaciones veladas de homosexualidad, etc. Lo dicho, hay carnaza, pero sin pasarse, lo cual es de agradecer.

Concluyendo, recomiendo mucho leer este libro. Mi versión encuadernada en tela de 388 páginas (por cierto, una edición bastante mala, en la que hay hasta párrafos cambiados de sitio) me la leí muy rápido, no se hace para nada aburrido. Tengo intención de poner el libro en Book Crossing, para que así lo pueda leer más gente. Todo sea por promocionar las obras de José Luis Martín Vigil.

Por cierto, hoy es San Francisco de Borja, y ayer el Opus Dei cumplió 80 años. Poco a poco van haciéndose un clásico dentro de la Iglesia, y tal vez lleguen al esplendor que tuvo en su momento la Compañía de Jesús. Pero habrá que verlo, hoy en día el mundo está muy secularizado, y resulta mucho más difícil para los miembros de la Obra brillar tanto en el campo intelectual como brillaron en el pasado los jesuitas.

Miserere

Marzo 22, 2008

¡Más de cuatro meses sin escribir aquí! ¡Cuántas películas y libros sin comentar! ¡Cuánta vida nocturna de la que ya no quedará constancia escrita! ¡Qué pena aquella promesa de publicar cada mes una entrada sobre La vida sale al encuentro! Ya hasta noviembre no podré volver a intentarlo. Perdón por mi inconstancia. Hasta este post va con retraso: debería haberlo publicado la madrugada del Viernes Santo.

Miserére mei, Deus, secúndum magnam misericórdiam tuam. Et secúndum multitúdinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa.

Amplius lava me ab iniquitáte mea: et a peccáto meo munda me.

Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Quóniam iniquitátem meam ego cognosco: et peccátum meum contra me est semper.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado.

Tibi soli peccávit, et malum coram te feci: ut iustificéris in sermónibus tuis, et vincas cum iudicáris.

Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente.

Ecce enim in iniquitátibus concéptus sum: et in peccátis concépit me mater mea.

Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Ecce enim veritátem dilexisti: incerta et occulta sapientiae tuae manifestásti mihi.

Te gusta un corazón sincero y en mi interior me inculcas sabiduría.

Aspérges me hyssópo, et mundábor: lavábis me, et super nivem dealbábor.

Róciame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Audítui meo dabis gáudium et laetítiam: et exultábunt ossa humiliáta.

Hazme oir el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados.

Avérte fáciem tuam a peccátis meis: et omnes iniquitátes meas dele.

Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa.

Cor mundum crea in me, Deus: et spíritum rectum ínnova in viscéribus meis.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme.

Ne proiícias me a fácie tua: et Spíritum Sanctum tuum ne áuferas a me.

No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu.

Redde mihi laetítiam salutáris tui: et spíritu principáli confirma me.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso.

Docébo iníquos vias tuas: et impii ad te converténtur.

Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti.

Líberame de sanguínibus, Deus, Deus, salutis meae: et exsultábit lingua mea iustítiam tuam.

¡Líbrame de la sange, oh Dios, Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia.

Dómine, labie mea apéries: et os meum anuntiabit láudem tuam.

Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.

Quóniam si voluísses sacrificium dedíssem útique: holocáustis non delectáberis.

Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Sacrifícium Deo spíritus contribulátus: cor contrítum, et humiliátum, Deus, non despicies.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

Benígne fac, Dómine, in bona voluntáte tua Sion: ut aedificéntur muri Ierúsalem.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén.

Tunc acceptábis sacrifícium iustítiae, oblatiónes, et holocáusta: tunc impónent super altáre tuum vítulos.

Entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.

Disfrútenlo.